Estas rosquitas de anís quedan doradas por fuera, tiernas por dentro y con ese aroma clásico que se siente apenas las sacás del aceite.
Son simples, caseras y perfectas para acompañar el mate o el café.

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Ingredientes
Para la masa
- 500 gr de harina 0000
- 100 gr de azúcar
- 2 huevos
- 80 gr de manteca blanda
- 120 ml de leche
- 1 cda de semillas de anís
- 1 cdita de esencia de vainilla
- 2 cditas de polvo de hornear
- 1 pizca de sal
Para freír
- Aceite suficiente
Para terminar
- 100 gr de azúcar
Preparación
- Colocar los huevos en un bowl junto con el azúcar y mezclar hasta integrar.
- Agregar la manteca blanda, la leche y la esencia de vainilla.
- Incorporar las semillas de anís y mezclar nuevamente.
- En otro recipiente, combinar la harina con el polvo de hornear y la pizca de sal.
- Agregar los ingredientes secos de a poco sobre la mezcla anterior.
- Unir primero con una cuchara y luego con las manos hasta formar una masa suave y apenas húmeda.
- No amasar demasiado; solo trabajar lo necesario para que quede uniforme.
- Cubrir la masa y dejarla reposar durante unos 20 minutos.
- Tomar pequeñas porciones y formar cilindros cortos con las manos.
- Unir los extremos de cada cilindro presionando suavemente para formar las rosquitas.
- Acomodarlas sobre una superficie apenas enharinada mientras se termina de formar toda la masa.
- Calentar abundante aceite a fuego medio.
- Freír las rosquitas de a pocas unidades para evitar que baje demasiado la temperatura.
- Cocinarlas durante unos minutos, girándolas cuando sea necesario, hasta que estén doradas de ambos lados.
- Retirarlas con una espumadera y colocarlas sobre papel absorbente.
- Mientras todavía estén tibias, pasarlas por azúcar para cubrir ligeramente la superficie.
Tips y consejos
- Las semillas de anís pueden tostarse apenas antes de usarlas para intensificar su aroma.
- No agregar demasiada harina porque las rosquitas pueden quedar secas.
- Si la masa está muy pegajosa, sumar harina de a una cucharada.
- Si queda demasiado firme, agregar apenas un poco más de leche.
- El aceite debe estar caliente pero no humeante.
- Freírlas a fuego medio permite que se cocinen por dentro sin dorarse demasiado rápido.
- Hacer las rosquitas de tamaño parecido ayuda a que se cocinen de manera pareja.
- No conviene hacerlas demasiado gruesas porque pueden quedar crudas en el centro.
- También se puede mezclar el azúcar final con un poco de canela.
- Se conservan mejor en un recipiente cerrado una vez que estén completamente frías.
Quedan doradas, aromáticas y con una miga tierna que contrasta muy bien con el azúcar de la superficie.
Recién hechas tienen un sabor suave a anís especialmente agradable.
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