Cuando una olla se quema fuerte, el problema no es solo la suciedad: es la capa endurecida que se pega al metal.
En ese punto, frotar no sirve y los detergentes comunes tampoco. Ahí es donde el bicarbonato funciona, pero solo si se usa de la manera adecuada.

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El error más común es tratarlo como un producto mágico inmediato. En realidad, el bicarbonato actúa mejor cuando se combina con calor, reposo y tiempo.
Por qué el bicarbonato sí funciona en ollas quemadas
El bicarbonato no limpia por “raspar”, sino porque ablanda y descompone los restos carbonizados.
Al calentarse con agua, genera un medio alcalino que afloja lo que está pegado, sin dañar el metal.
Por eso es ideal para ollas de acero, aluminio y acero inoxidable.
Método del bicarbonato caliente (el más efectivo)
Colocá la olla en la hornalla y cubrí apenas la zona quemada con agua. Agregá una o dos cucharadas generosas de bicarbonato y llevá a hervor suave.
Dejá hervir entre 10 y 15 minutos. Vas a notar que el fondo empieza a cambiar de color y que parte de lo quemado se despega solo.
Apagá el fuego y dejá reposar hasta que el agua esté tibia. En ese momento, usá una espátula de madera o silicona para levantar los restos.
No hace falta fuerza: si se resiste, todavía necesita más tiempo.
El truco del bicarbonato en pasta (para lo que no salió)
Si después del hervor quedan zonas oscuras, no frotes. Prepará una pasta espesa con bicarbonato y unas gotas de agua caliente.
Aplicala directamente sobre el fondo, cubriendo bien las partes más difíciles, y dejala actuar varias horas o toda la noche.
Este paso es clave: el bicarbonato necesita tiempo para penetrar la capa quemada.
Al día siguiente, la suciedad suele desprenderse con una simple esponja suave.
Por qué no conviene usarlo en seco
Espolvorear bicarbonato y frotar directamente es uno de los peores errores.
En seco, no puede reaccionar correctamente y termina funcionando como un abrasivo leve que no limpia y sí desgasta.
Siempre tiene que estar húmedo o caliente para hacer efecto.
Qué hacer si la olla queda opaca pero lisa
A veces, después de limpiar, el fondo queda con una sombra oscura.
Si al pasar el dedo está liso y no se siente rugoso, la olla ya está limpia.
Esa marca no es suciedad, es una alteración superficial por exceso de calor.
Seguir insistiendo no la va a “blanquear”, solo va a arruinar el material.
Un detalle simple que evita futuras quemaduras
Antes de volver a usar la olla:
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Nunca la calientes vacía
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Evitá fuego fuerte con preparaciones espesas
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Revolvé con más frecuencia
La mayoría de las ollas se queman por exceso de calor, no por descuido.
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