La creme brûlée es un postre clásico de la repostería francesa que se caracteriza por su textura suave y cremosa, coronada con una fina capa de azúcar crocante.
Aunque parece complicada, con los pasos correctos se puede preparar en casa sin dificultad y sorprender a todos con un postre elegante y delicioso.

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Ingredientes
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160 ml de crema de leche
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12 yemas
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200 g de azúcar
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½ cucharadita de esencia de vainilla
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Azúcar rubia para espolvorear
Preparación
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Encendé el horno a temperatura baja para que se precaliente mientras preparás la mezcla.
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En una cacerola, calentá la crema de leche a fuego medio, pero sin dejar que hierva. Solo necesitás que esté caliente y líquida.
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En un bol, batí las yemas con el azúcar hasta que tomen un tono amarillo claro y tengan una textura cremosa. Este paso es importante para blanquear las yemas y lograr la base perfecta.
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Sumá un poco de la crema caliente a las yemas batidas y mezclá suavemente con una espátula para que no se corten.
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Incorporá el resto de la crema caliente de a poco, siempre mezclando bien para integrar todo. Agregá también la esencia de vainilla.
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Colocá la mezcla en cazuelitas individuales, preferentemente de barro o cerámica, que soporten el calor del horno.
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Poné las cazuelitas dentro de una fuente para horno y agregá agua hasta cubrir un tercio de su altura, formando un baño María.
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Llevá al horno por unos 50 minutos, o hasta que la crema esté firme pero aún temblorosa en el centro.
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Retirá del horno y dejá enfriar a temperatura ambiente. Luego llevá a la heladera al menos un par de horas para que tome la textura adecuada.
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Antes de servir, espolvoreá una capa fina de azúcar rubia sobre la superficie y quemala con un soplete de cocina o colocándola unos minutos bajo el grill del horno hasta que se forme el característico caramelo crujiente.
Consejos:
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Usá crema de leche entera, ya que la versión reducida en grasa no dará la misma textura ni cremosidad.
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Para evitar que las yemas se cocinen demasiado rápido al mezclar con la crema caliente, incorporá primero solo un poco de crema y batí enérgicamente. Este “temple” evita que se corten.
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El baño María es clave para que la cocción sea pareja y suave. Asegurate de que el agua esté caliente al momento de entrar al horno.
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Tapar la fuente con papel aluminio ayuda a que no se forme una costra dura en la superficie antes de tiempo.
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El azúcar rubia le da un sabor más profundo al caramelo, pero podés usar azúcar común. Lo importante es espolvorear una capa fina y pareja para que se caramelice de forma uniforme.
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Si usás soplete, hacelo con movimientos circulares y rápidos, sin quedarte fijo en un solo punto para evitar que se queme demasiado.
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Este postre se puede preparar con un día de anticipación y dejar en la heladera sin el azúcar de arriba. Lo ideal es caramelizar justo antes de servir.
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Para darle un toque especial, podés aromatizar la crema al calentarla con una ramita de canela o una chaucha de vainilla, retirándolas antes de mezclar con las yemas.
Con estos consejos vas a conseguir una creme brûlée perfecta: suave por dentro, con el clásico contraste del caramelo crocante en la superficie y un sabor que conquista a cualquiera desde la primera cucharada.
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