Nada como un budín casero para acompañar la merienda, y este de frutillas es una delicia total.
Es suave, húmedo, con el aroma justo y el toque frutal que lo hace irresistible.

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Su preparación es sencilla y el resultado, un budín dorado por fuera y tierno por dentro, lleno de pedacitos de frutilla que le aportan frescura y color.
Ingredientes
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2 tazas de harina leudante
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1 taza de azúcar
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3 huevos
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½ taza de aceite neutro
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½ taza de leche
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1 cucharadita de esencia de vainilla
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2 tazas de frutillas frescas picadas
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Ralladura de 1 limón (opcional)
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Azúcar impalpable para espolvorear
Preparación
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Preparar las frutillas: Lavá bien las frutillas, retirales las hojas y cortalas en cubos pequeños. Si están muy jugosas, pasalas por una cucharada de harina para evitar que se hundan durante la cocción.
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Batir los ingredientes húmedos: En un bowl grande, batí los huevos con el azúcar hasta que la mezcla quede espumosa y clara. Agregá el aceite, la leche y la esencia de vainilla, integrando bien todo.
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Incorporar los secos: Sumá la harina leudante tamizada y, si querés, la ralladura de limón. Mezclá con movimientos envolventes hasta lograr una masa homogénea, sin sobrebatir.
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Agregar las frutillas: Incorporá las frutillas picadas a la mezcla y revolvé suavemente para distribuirlas de manera uniforme.
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Hornear: Verté la preparación en un molde de budín enmantecado y enharinado. Llevá al horno precalentado a 170 °C durante 40 a 45 minutos, o hasta que al insertar un palillo salga limpio.
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Enfriar y decorar: Dejá enfriar sobre una rejilla. Una vez tibio, espolvoreá con azúcar impalpable o decorá con frutillas frescas en la parte superior.
Consejos:
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Si querés un budín más húmedo, reemplazá parte del aceite por yogur natural.
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También podés agregar trocitos de chocolate blanco para un contraste de sabor espectacular.
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Si las frutillas son muy dulces, reducí un poco la cantidad de azúcar en la masa.
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Para un aroma extra, sumá unas gotas de extracto de almendra o de frutilla.
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Si preferís hacerlo en formato individual, usá pirotines y horneá por 20 minutos.
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Podés congelar el budín una vez frío, envuelto en film, y mantenerlo por hasta 3 meses.
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Al servirlo, acompañalo con una cucharada de crema batida o una bocha de helado de vainilla.
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Si querés un acabado más llamativo, decorá con un glaseado de azúcar impalpable y jugo de limón.
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El secreto para que quede esponjoso está en no batir de más la mezcla.
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Guardalo tapado o en un recipiente hermético para mantener su textura por varios días.
Este budín húmedo de frutillas es perfecto para disfrutar a cualquier hora del día: liviano, dulce y con el sabor natural de la fruta, una receta infalible para compartir en familia.
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