Este bizcochuelo clásico es una receta infalible para lograr una miga bien aireada, pareja y suave.
Tiene una textura liviana, crece de forma uniforme y queda ideal para usar solo o como base de tortas rellenas.

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Se prepara con pocos ingredientes y el secreto está en el batido y en respetar la cocción. Es una de esas recetas que conviene guardar porque siempre sale bien.
Ingredientes
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6 huevos
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180 g de azúcar
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1 cucharada de extracto de vainilla
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200 g de harina 0000
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1 cucharadita de polvo de hornear
Preparación
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Precalentá el horno a 160 °C y asegurate de que esté bien estabilizado antes de llevar el bizcochuelo.
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En un bowl grande colocá los huevos, el azúcar y el extracto de vainilla.
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Batí con batidora eléctrica hasta lograr el llamado “punto letra”: al levantar las paletas, la mezcla debe caer espesa y permitir dibujar una letra sobre la superficie sin que se borre enseguida.
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Tamizá la harina junto con el polvo de hornear para airearlos y evitar grumos.
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Incorporá los secos en dos tandas sobre el batido.
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Mezclá con espátula usando movimientos envolventes, suaves y desde abajo hacia arriba, sin batir, hasta integrar por completo.
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Volcá la preparación en un molde bien enmantecado y, si querés, enharinado.
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Emparejá la superficie sin golpear el molde para no perder aire.
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Llevá al horno y cociná durante aproximadamente 45 minutos.
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Evitá abrir la puerta del horno durante la cocción para no arruinar el crecimiento.
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El bizcochuelo está listo cuando se despega solo de los bordes del molde y la superficie está firme.
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Retirá del horno, dejá reposar unos minutos y desmoldá con cuidado.
Tips y consejos:
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El batido es clave: cuanto mejor esté el punto letra, más alto y esponjoso va a quedar el bizcochuelo.
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Los huevos deben estar a temperatura ambiente para que monten mejor.
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No reduzcas el tiempo de batido; ahí se genera el aire que reemplaza a la manteca o el aceite.
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Tamizar la harina no es un paso opcional, ayuda a mantener la textura liviana.
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Mezclá siempre con movimientos envolventes y suaves para no bajar el aire incorporado.
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El horno a temperatura moderada permite que el bizcochuelo crezca sin dorarse de más.
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Abrir el horno antes de tiempo puede hacer que se baje, por eso conviene respetar la cocción.
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Cada horno es distinto, pero el signo más seguro es cuando el bizcochuelo se despega de los bordes.
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Una vez frío, se puede cortar fácilmente en capas para rellenar.
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Funciona perfecto como base para tortas con dulce de leche, crema, frutas o almíbares.
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Si no lo vas a usar en el momento, se puede envolver bien y guardar hasta el día siguiente sin que pierda textura.
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También se puede freezar entero o en capas, siempre bien envuelto.
Este bizcochuelo clásico queda alto, liviano y con una miga suave que no se seca.
Una receta básica, confiable y muy versátil, ideal tanto para comer solo como para armar tortas más elaboradas sin fallar en el resultado.
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