La ensaimada es una masa dulce, suave y aireada, reconocida por su forma de espiral y su cubierta generosa de azúcar impalpable.
Tiene una textura tierna, apenas hojaldrada, con un sabor delicado y mantecoso que la hace perfecta para acompañar mates, café o una merienda especial.

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Aunque lleva tiempo de levado, el resultado vale la pena porque queda liviana, aromática y muy vistosa.
Ingredientes
- 500 g de harina 0000
- 80 g de azúcar
- 2 huevos
- 180 ml de agua tibia o leche tibia
- 25 g de levadura fresca o 7 g de levadura seca
- 1 pizca de sal
- 1 cucharadita de esencia de vainilla
- Ralladura de 1 limón, opcional
- 80 g de manteca blanda para la masa
- 120 g de manteca blanda para untar
- Azúcar impalpable, para espolvorear
Preparación
- Colocá la levadura en un bowl chico con una parte del agua o leche tibia y una cucharadita del azúcar. Mezclá y dejá reposar unos 10 minutos, hasta que se forme una espuma en la superficie. Eso indica que la levadura está activa.
- En un bowl grande, poné la harina, el azúcar restante y la pizca de sal. Mezclá bien y hacé un hueco en el centro. Agregá los huevos, la esencia de vainilla, la ralladura si vas a usar y la levadura activada.
- Incorporá de a poco el resto del líquido tibio mientras mezclás con la mano o con una cuchara. Cuando la masa empiece a unirse, pasala a la mesada y amasá durante varios minutos, hasta lograr una textura más lisa.
- Sumá los 80 g de manteca blanda en pequeñas partes. Al principio puede parecer que la masa se desarma, pero con el amasado va a absorber la manteca y se va a volver más elástica, suave y pareja.
- Amasá durante 10 a 15 minutos, hasta que la masa quede lisa, flexible y apenas pegajosa. Colocala en un bowl apenas aceitado, tapala con un repasador limpio o film y dejala levar en un lugar tibio hasta que duplique su volumen.
- Una vez levada, desgasificá suavemente la masa y estirala sobre la mesada apenas enharinada. Formá un rectángulo grande y fino. La idea es estirarla lo más posible sin romperla, porque ese estirado ayuda a lograr una textura más delicada.
- Untá toda la superficie con los 120 g de manteca blanda. Distribuila de manera pareja, llegando casi hasta los bordes. Después enrollá la masa desde uno de los lados largos, formando un cilindro largo y parejo.
- Estirá apenas ese cilindro con cuidado, sin apretarlo demasiado. Luego acomodalo en una placa con papel manteca formando una espiral, dejando un pequeño espacio entre vuelta y vuelta porque la masa va a crecer durante el levado y la cocción.
- Tapá la ensaimada y dejala levar nuevamente hasta que se vea más inflada y liviana. Este segundo levado puede tardar entre 1 y 2 horas, según la temperatura del ambiente.
- Llevá a horno precalentado a 180 °C durante 20 a 30 minutos, o hasta que esté dorada por fuera y cocida por dentro. Si se dora demasiado rápido, bajá un poco la temperatura para que termine de cocinarse sin quemarse.
- Retirá del horno y dejá enfriar sobre una rejilla. Cuando esté fría o apenas tibia, espolvoreá con abundante azúcar impalpable por encima.
Tips y consejos:
- La masa debe quedar suave y elástica. Si la notás muy seca, agregá apenas un chorrito más de líquido; si está demasiado pegajosa, sumá un poquito de harina, pero sin excederte.
- El levado es clave para que la ensaimada quede aireada. No conviene apurarla, porque una masa bien descansada logra mejor textura y más suavidad.
- La manteca para untar tiene que estar blanda, no derretida. Si está líquida, puede escaparse de la masa y cambiar la textura final.
- Al formar la espiral, dejá espacio entre las vueltas. Si las pegás demasiado, al crecer puede quedar muy compacta y perder parte de su forma característica.
- Para una ensaimada más aromática, podés sumar ralladura de limón o naranja a la masa. No hace falta mucha cantidad, solo un toque para perfumar.
- Si querés una versión rellena, podés agregar crema pastelera, dulce de leche repostero o chocolate antes de enrollar, usando una capa fina para que no se escape durante el horneado.
- El azúcar impalpable se agrega al final, cuando la masa ya no está caliente. Si lo ponés con la ensaimada recién salida del horno, se humedece y desaparece rápido.
- Para conservarla, guardala bien tapada a temperatura ambiente durante 1 o 2 días. También podés calentarla apenas unos segundos antes de comer para recuperar suavidad.
Esta ensaimada casera queda dorada, liviana y con una miga tierna que se desarma en capas suaves.
Es una receta ideal para preparar con tiempo y disfrutar en una merienda bien casera.
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