Los merenguitos caseros son un clásico irresistible que se prepara con pocos ingredientes y mucha paciencia.
Quedan bien secos, livianos y con ese centro apenas aireado que se deshace en la boca.

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Son ideales para acompañar el mate, el café, decorar tortas o simplemente disfrutar como algo dulce y delicado. Además, se conservan muy bien si se guardan correctamente.
Ingredientes
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4 claras de huevo
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1 cucharadita de vinagre de alcohol
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1 pizca de sal
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1 taza (aprox. 175 g) de azúcar común
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2 cucharadas (25 g) de azúcar impalpable
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Colorante comestible (opcional)
Preparación
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Precalentá el horno a 100 °C. Si tu horno no baja tanto, colocá una cuchara de madera en la puerta para dejar una pequeña rendija y permitir que salga el exceso de calor.
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En un bowl grande y bien limpio colocá las claras junto con el vinagre y la pizca de sal.
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Batí con batidora eléctrica hasta que las claras empiecen a espumar y tomar volumen.
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Sin dejar de batir, agregá el azúcar común de a poco, en forma de lluvia.
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Continuá batiendo hasta que el azúcar esté completamente disuelta y el merengue quede bien firme, blanco y brillante. Al levantar las paletas deben formarse picos firmes que no se caigan.
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Si vas a usar colorante, agregalo en este punto y batí unos segundos más hasta lograr un color parejo.
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Incorporá el azúcar impalpable previamente tamizada y mezclá con espátula, usando movimientos envolventes suaves para no bajar el batido.
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Colocá el merengue en una manga de repostería con el pico que prefieras.
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Formá los merenguitos sobre una placa para horno forrada con papel manteca, dejando un pequeño espacio entre cada uno.
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Llevá al horno bajo y dejalos secar durante 2 a 4 horas, según el tamaño. No deben dorarse, solo secarse por completo.
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Apagá el horno y dejalos adentro con la puerta entreabierta hasta que se enfríen por completo.
Tips y consejos:
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El bowl y las paletas deben estar completamente limpios y secos, sin restos de grasa.
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El azúcar común tiene que disolverse por completo; podés frotar un poco de merengue entre los dedos para comprobarlo.
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El vinagre ayuda a estabilizar el merengue y lograr una mejor textura final.
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No conviene subir la temperatura del horno, ya que los merenguitos pueden tomar color o rajarse.
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Si el ambiente está muy húmedo, pueden tardar más en secarse.
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Una vez fríos, guardalos en un frasco hermético para que no absorban humedad.
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Se pueden hacer blancos o combinarlos con distintos colores para un efecto más decorativo.
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Funcionan muy bien para acompañar helados, frutas o rellenos de postres.
Estos merenguitos quedan crocantes, livianos y delicados, con una textura perfecta para disfrutar solos o usar en repostería.
Una receta simple, rendidora y clásica que nunca falla.
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