Una buena salsa roja levanta cualquier comida. Esta versión es fresca, intensa y con ese picante justo que no tapa los sabores, sino que los realza.
Se prepara en pocos minutos, no lleva cocción y tiene una textura bien casera, ideal para acompañar carnes, empanadas, tacos, sandwiches o simplemente unas papas doradas.

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Ingredientes
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6 tomates rojos maduros
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8 ajíes jalapeños
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1 manojo de cilantro fresco
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4 dientes de ajo
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1 chorrito de vinagre blanco
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1 cucharada de orégano seco
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Sal a gusto
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Pimienta a gusto
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Opcional: una pizca de comino
Preparación
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Lavá muy bien los tomates, los ajíes jalapeños y el cilantro bajo el chorro de agua. Es importante retirar cualquier resto de tierra o impureza para que la salsa quede limpia y fresca.
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Quitá el cabito de los ajíes jalapeños. Si preferís una salsa menos picante, podés abrirlos y retirar parte de las semillas, aunque dejarlas aporta sabor y carácter.
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Cortá los tomates en trozos medianos. No hace falta pelarlos ni quitarles las semillas, ya que todo se aprovecha y suma textura.
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Pelá los dientes de ajo y reservá.
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Picá groseramente el cilantro, solo para facilitar el procesado. No es necesario que quede fino en esta etapa.
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Colocá en la licuadora o procesadora los tomates, los ajíes jalapeños y el ajo. Triturá de a pulsos, cuidando de no licuar de más. La clave está en lograr una textura rústica, espesa y con semillas visibles.
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Pasá la mezcla a un bowl y agregá el cilantro picado, el orégano, un chorrito de vinagre blanco, sal y pimienta a gusto. Si te gusta un fondo especiado, sumá una pizca de comino.
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Mezclá suavemente con cuchara para integrar todos los ingredientes sin perder la textura casera.
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Probá la salsa y ajustá la sal, el ácido o el picante según tu gusto.
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Dejá reposar la salsa entre 10 y 15 minutos antes de usarla. Este descanso permite que los sabores se asienten y se equilibren mejor.
Tips y consejos:
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Usar tomates bien maduros mejora el color y el sabor final.
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No conviene licuar en exceso: la salsa debe quedar espesa y con cuerpo.
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El reposo previo es clave para que el ajo y el orégano se integren bien.
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Si querés una salsa más intensa, podés agregar un ají extra o un chorrito más de vinagre.
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Se conserva muy bien en la heladera, en frasco cerrado, durante varios días.
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Acompaña perfecto carnes asadas, pollo, milanesas, hamburguesas y picadas.
El resultado es una salsa roja fresca, aromática y con picante natural, lejos de cualquier versión industrial.
Tiene ese sabor directo y auténtico que se nota desde la primera cucharada y que transforma preparaciones simples en platos llenos de carácter.
Ideal para tener siempre a mano y darle vida a cualquier comida.
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