Esta salsa de tomate casera es una de esas recetas básicas que conviene tener siempre a mano.
Es rendidora, se hace con ingredientes simples y permite ahorrar sin resignar sabor.

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Ideal para preparar en cantidad, guardar y resolver comidas durante la semana.
Ingredientes
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7 tomates bien maduros, lavados y cortados en trozos
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2 dientes de ajo triturados
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1 cebolla mediana picada
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1 zanahoria chica cortada en cubos
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1 taza de agua
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2 cucharadas soperas de aceite de oliva
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½ taza de perejil picado
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3 tomates picados en cubos chicos (opcional, para un final más rústico)
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Sal a gusto
Preparación
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En una olla grande, colocá el aceite de oliva y llevá a fuego medio. Cuando esté caliente, agregá la cebolla picada y cociná unos minutos, revolviendo, hasta que esté transparente y apenas dorada.
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Sumá el ajo triturado y cociná unos segundos más, solo hasta que largue su aroma. Es importante no dejarlo dorar demasiado para que no quede amargo.
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Agregá los tomates cortados en trozos, incluyendo semillas y jugo, junto con la zanahoria en cubos. Mezclá bien para integrar todo.
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Incorporá la taza de agua y el perejil picado. Volvé a mezclar y llevá la preparación a hervor suave.
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Bajá el fuego, tapá la olla de manera parcial y cociná durante unos 50 minutos. Durante este tiempo, revolvé de vez en cuando para evitar que la salsa se pegue en el fondo.
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A medida que se cocina, los tomates se van a deshacer y la zanahoria va a aportar dulzor natural, ayudando a reducir la acidez sin necesidad de agregar azúcar.
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Pasado el tiempo de cocción, retiré la olla del fuego y dejá entibiar unos minutos. Luego licuá la preparación hasta obtener una salsa bien lisa y homogénea. Si preferís una textura más rústica, podés licuar solo una parte.
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Volvé a colocar la salsa en la olla y llevá nuevamente a fuego bajo. En este punto, agregá los 3 tomates picados en cubos chicos si querés darle una textura más casera y con tropezones.
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Cociná unos 7 minutos más, revolviendo, para que esos tomates se integren sin deshacerse del todo.
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Probá la salsa, ajustá la sal si es necesario y, antes de apagar el fuego, podés sumar un poco más de perejil fresco picado.
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Retirá del fuego y dejá enfriar antes de usar o guardar.
Tips y consejos:
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Usá tomates bien maduros para lograr mejor color y sabor sin necesidad de concentrados.
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La zanahoria es clave para equilibrar la acidez de forma natural.
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Si la salsa te queda muy espesa, podés agregar un poco más de agua durante la cocción.
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Para una versión más intensa, podés sumar hojas de laurel o un poco de albahaca.
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Guardada en frascos bien limpios, dura varios días en heladera.
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También se puede congelar en porciones y conservar hasta 3 meses sin problemas.
Esta salsa de tomate casera es una base práctica para pastas, arroces, carnes, pizzas o cualquier preparación que necesite un buen fondo de sabor.
Económica, rendidora y fácil de adaptar, es una de esas recetas que simplifican la cocina diaria y siempre valen la pena tener listas.
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