Galletas de coco y leche crocantes por fuera y tiernas por dentro
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Galletas de coco y leche crocantes por fuera y tiernas por dentro

Estas galletas de coco y leche son ideales para preparar algo dulce sin complicarse y con pocos ingredientes.

La leche condensada ayuda a unir la mezcla, aporta dulzor y deja una textura húmeda en el centro. Al hornearse, el coco se dora en los bordes y forma esa capa crocante tan rica.

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Ingredientes

  • 250 g de coco rallado
  • 1 lata de leche condensada, aproximadamente 395 g
  • 1 huevo
  • 2 cucharadas de harina común o maicena
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla
  • 1 pizca de sal
  • Coco rallado extra para espolvorear por encima

Preparación

  1. Precalentá el horno a 170 °C y prepará una placa con papel manteca. Si no tenés papel manteca, podés aceitar apenas la placa, aunque el papel ayuda a que las galletas no se peguen y salgan más prolijas.
  2. En un bol grande colocá el coco rallado, la leche condensada, el huevo, la esencia de vainilla y la pizca de sal. Mezclá con cuchara o espátula hasta que el coco quede bien humedecido y se forme una pasta espesa.
  3. Agregá la harina o la maicena y volvé a mezclar. Este ingrediente ayuda a darles cuerpo para que no se desarmen durante el horneado. La mezcla tiene que quedar húmeda, pero lo suficientemente firme como para formar porciones con las manos o con una cuchara.
  4. Dejá reposar la preparación durante 10 minutos. En ese tiempo el coco absorbe parte de la humedad de la leche condensada y la masa toma más consistencia.
  5. Tomá porciones del tamaño de una nuez grande y formá discos gruesitos. Podés hacerlos con las manos apenas humedecidas o usar un cortante redondo para que queden más parejos. Acomodalos sobre la placa dejando un poco de espacio entre cada uno.
  6. Espolvoreá un poco de coco rallado extra por encima de cada galleta. Presioná suavemente para que se adhiera y no se caiga durante la cocción.
  7. Llevá al horno durante 15 a 20 minutos, o hasta que los bordes estén dorados y la superficie tenga partes apenas tostadas. No conviene pasarlas de cocción, porque la idea es que queden crocantes por fuera pero tiernas en el centro.
  8. Retirá la placa del horno y dejá enfriar las galletas unos minutos antes de moverlas. Recién salidas pueden estar blandas, pero al enfriarse se afirman y toman mejor textura.

Tips y consejos:

  • Para lograr una buena textura, usá coco rallado común, no demasiado fino. El coco muy molido puede dejar una masa más compacta y menos interesante al morder. En cambio, el coco rallado tradicional ayuda a que se noten las hebras, se doren mejor los bordes y quede una textura más parecida a la de la imagen.
  • El reposo de la mezcla es importante. Aunque parezca un paso menor, esos 10 minutos hacen que el coco absorba parte de la leche condensada y la masa quede más fácil de manipular. Si formás las galletas apenas mezclás todo, pueden quedar demasiado blandas y abrirse un poco en el horno.
  • Si la masa queda muy líquida, no agregues harina de golpe. Sumá de a una cucharada y mezclá bien antes de decidir si necesita más. Demasiada harina puede hacer que las galletas pierdan esa textura húmeda y suave del centro. Lo ideal es que la harina o la maicena solo ayuden a sostener la forma, no que se vuelvan el ingrediente principal.
  • Para que queden más parejas, podés usar una cuchara medidora, una cuchara para helado chica o un cortante redondo. Si querés que tengan forma de medallón, armá bolitas y después aplastalas suavemente con la base de un vaso apenas humedecido. No las dejes demasiado finas, porque se secan rápido.
  • El punto justo de cocción se nota en los bordes. Cuando la base y los costados empiezan a ponerse dorados, ya están listas. El centro puede verse todavía tierno, pero eso es normal. Si esperás a que toda la galleta quede muy dorada, al enfriarse puede quedar seca.
  • La leche condensada ya aporta bastante dulzor, por eso no hace falta sumar azúcar. Si querés un sabor más equilibrado, la pizca de sal es clave: no se siente salada, pero ayuda a que el dulce no resulte empalagoso y realza el sabor del coco.
  • Si querés una versión más perfumada, podés agregar ralladura de limón o naranja. Va muy bien con el coco y ayuda a cortar un poco la dulzura de la leche condensada. También se puede sumar una pizca de canela, aunque conviene no pasarse para que no tape el sabor principal.
  • Para una terminación más crocante, podés espolvorear coco rallado por arriba antes de hornear. Ese coco extra se tuesta y queda con un color dorado muy atractivo. Si el horno calienta fuerte arriba, controlalas de cerca para que no se queme.
  • Es mejor dejarlas enfriar sobre una rejilla después de los primeros minutos en la placa. Esto evita que la base junte humedad y ayuda a mantener los bordes crocantes. Si no tenés rejilla, pasalas a un plato cuando ya estén firmes, sin encimarlas hasta que se enfríen bien.
  • Se conservan en un recipiente hermético durante 3 a 4 días. Si las guardás apenas tibias, pueden ablandarse por la humedad, así que conviene esperar a que estén completamente frías. Para recuperar un poco de crocancia, podés darles unos minutos de horno bajo antes de servir.
  • Si querés hacerlas más vistosas, podés bañarlas apenas con chocolate derretido en la base o hacerles hilos finos por encima. Aun así, solas quedan muy bien porque el coco tostado y la leche condensada ya tienen mucho sabor.

Quedan ideales para acompañar café, mate, té o para tener algo dulce listo en un frasco.

Son simples, rendidoras y tienen ese contraste que más gusta: doraditas por fuera, húmedas por dentro y con mucho sabor a coco.

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