Una receta clásica, económica y rendidora, ideal para aprovechar la acelga de una forma distinta.
Quedan dorados por fuera, tiernos por dentro y con ese punto justo que hace que no resulten pesados. Perfectos para servir como entrada, acompañamiento o incluso como plato principal.

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Ingredientes
- 1 atado grande de acelga
- 2 huevos
- 4 cucharadas de harina
- 2 cucharadas de queso rallado
- 1 diente de ajo (opcional)
- Sal y pimienta a gusto
- 5 gotas de vinagre o jugo de limón
- Aceite para freír
Preparación
- Lavá bien la acelga y separá las hojas de los tallos.
- Herví las hojas en agua con sal durante unos minutos hasta que estén tiernas.
- Escurrilas muy bien y dejalas enfriar. Este paso es clave para evitar exceso de agua.
- Picá la acelga lo más fino posible para que se integre mejor en la mezcla.
- En un bowl, colocá la acelga picada junto con los huevos, el ajo picado, el queso rallado, sal y pimienta.
- Mezclá bien todos los ingredientes hasta formar una preparación homogénea.
- Agregá la harina de a poco hasta lograr una consistencia espesa, que permita tomar porciones sin que se desarmen.
- En este punto, sumá las 5 gotas de vinagre o limón y mezclá bien. Esto ayuda a que los buñuelos absorban menos aceite durante la cocción.
- Calentá abundante aceite en una sartén a fuego medio-alto.
- Tomá porciones con una cuchara y colocalas en el aceite caliente.
- Freí hasta que estén bien dorados de ambos lados, sin moverlos demasiado al principio.
- Retiralos y apoyalos sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite.
Consejos:
- Escurrir bien la acelga es fundamental: si queda con agua, la mezcla se afloja y los buñuelos absorben más aceite.
- No agregues demasiada harina, solo la necesaria para unir la preparación sin endurecerlos.
- El agregado de unas gotas de vinagre o limón en la mezcla mejora la fritura y ayuda a que queden más livianos.
- El aceite debe estar bien caliente antes de empezar, pero no humeante.
- Si el aceite está frío, los buñuelos se cargan de grasa; si está demasiado caliente, se doran por fuera y quedan crudos por dentro.
- Freí en tandas chicas para no bajar la temperatura del aceite.
- No los des vuelta enseguida, dejá que se forme una base firme para que no se rompan.
- Podés probar el primer buñuelo para ajustar sal o textura antes de seguir.
- Si querés más crocante, podés agregar una cucharada extra de queso rallado.
- Servirlos recién hechos es lo ideal para disfrutar su mejor textura.
Una receta simple pero con un resultado que siempre funciona, perfecta para cualquier ocasión.
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