La mermelada de frutillas sin azúcar es una alternativa natural, liviana y deliciosa para disfrutar el sabor fresco de la fruta sin endulzantes artificiales.
Perfecta para acompañar tostadas, yogures o postres, esta versión casera conserva todo el color y la textura de las frutillas maduras.

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Ingredientes
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500 g de frutillas frescas y maduras
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Jugo de medio limón
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2 cucharadas de agua
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1 cucharada de semillas de chía (opcional, para espesar)
Preparación
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Lavá bien las frutillas, quitá las hojas y cortalas en trozos pequeños. Si son muy grandes, partilas en cuatro para que se cocinen de forma pareja.
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Colocá las frutillas en una olla junto con el agua y el jugo de limón. Este ingrediente realza el sabor y actúa como conservante natural.
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Llevá la mezcla a fuego medio, revolviendo con cuchara de madera. Cuando empiece a hervir, bajá el fuego y cociná entre 20 y 25 minutos, hasta que la fruta se deshaga y espese ligeramente.
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Si te gusta una textura más uniforme, triturá la preparación con un pisapapas o licuadora manual. Si preferís trozos de fruta, dejala tal como está.
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Para lograr una consistencia más firme, agregá las semillas de chía y mezclá bien. Cociná cinco minutos más, revolviendo constantemente.
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Verté la mermelada caliente en frascos de vidrio esterilizados, cerralos bien y colocalos boca abajo unos minutos para generar vacío.
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Dejalos enfriar a temperatura ambiente antes de guardarlos en la heladera.
Consejos:
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Usá frutillas bien maduras, ya que aportan dulzura natural y un color intenso sin necesidad de azúcar.
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Si querés un sabor más equilibrado, podés combinar frutillas con manzana o pera, que ayudan a espesar naturalmente gracias a su pectina.
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Para una textura más firme, prolongá el tiempo de cocción o aumentá la cantidad de chía. Si la querés más suave, agregá una cucharada extra de agua.
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Si te gusta más dulce, incorporá un toque de miel, stevia líquida o eritritol, siempre al final de la cocción para conservar su sabor.
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Asegurate de usar frascos esterilizados y secos para evitar que la mermelada se fermente o forme hongos.
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Una vez abierta, conservá en heladera y consumí dentro de los 10 días siguientes. Si hacés varias tandas, podés congelarla en frascos o cubeteras y descongelar de a poco según necesites.
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Para darle un aroma especial, agregá una ramita de canela o unas gotas de esencia de vainilla durante la cocción.
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Esta mermelada es ideal para usar como relleno de tartas, yogures, panqueques o galletitas caseras. También podés incorporarla en preparaciones saladas, como aderezo para carnes o quesos suaves.
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Si querés una presentación más rústica, dejá algunos trozos de fruta enteros; si buscás un acabado fino, procesala por completo antes del envasado.
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No uses utensilios metálicos al remover: preferí cuchara de madera o espátula de silicona, ya que el metal puede alterar el color y el sabor de la fruta.
Esta mermelada sin azúcar es la prueba de que lo natural puede ser igual de sabroso.
Con pocos ingredientes, un poco de paciencia y las frutillas justas, vas a conseguir una preparación casera, saludable y con el auténtico gusto de la fruta fresca.
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