Los ravioles fritos crocantes son una opción deliciosa para preparar una cena diferente, con un rebozado dorado y un relleno suave de ricota y mozzarella.
Se acompañan con salsa de tomate y son ideales para compartir.

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Ingredientes
Para los ravioles:
- 500 g de ravioles frescos de ricota y mozzarella
- 2 huevos
- 200 g de pan rallado
- 50 g de queso rallado
- 1 cdita de ajo en polvo
- 1 cdita de orégano seco
- 1 cda de perejil picado
- Sal y pimienta a gusto
- Aceite para freír
Para la salsa:
- 300 g de puré de tomate
- 1 diente de ajo
- 1 cda de aceite de oliva
- 1/2 cdita de orégano
- Sal y pimienta a gusto
- 1 pizca de azúcar, opcional
Para terminar:
- Queso rallado a gusto
- Perejil fresco picado
Preparación
- Colocar los ravioles frescos sobre una bandeja limpia y separarlos cuidadosamente. Es importante que estén bien cerrados para evitar que el relleno se escape durante la fritura.
- Si los ravioles son muy grandes, conviene elegir los de tamaño mediano, ya que resultan más fáciles de freír y servir como bocaditos.
- Romper los huevos en un recipiente amplio, agregar una pizca de sal y pimienta, y batir con un tenedor hasta conseguir una mezcla uniforme.
- En otro recipiente, colocar el pan rallado junto con el queso rallado, el ajo en polvo, el orégano y el perejil picado. Mezclar bien para distribuir todos los condimentos.
- Tomar un raviol y sumergirlo en el huevo batido. Darlo vuelta suavemente para que quede completamente cubierto por ambos lados.
- Retirar el raviol del huevo y dejar escurrir el exceso durante unos segundos. Pasarlo inmediatamente por la mezcla de pan rallado.
- Presionar suavemente el rebozado sobre la superficie y los bordes, procurando que quede bien adherido. Repetir el procedimiento con todos los ravioles.
- Acomodar los ravioles rebozados sobre una bandeja, sin encimarlos. Llevarlos a la heladera durante 15 minutos para que el rebozado se adhiera mejor.
- Mientras tanto, preparar la salsa. Calentar el aceite de oliva en una cacerola pequeña y agregar el ajo picado. Cocinar durante unos segundos, sin dejar que se dore demasiado.
- Incorporar el puré de tomate, el orégano, la sal y la pimienta. Cocinar a fuego bajo durante 10 a 15 minutos, revolviendo ocasionalmente, hasta obtener una salsa ligeramente espesa.
- Probar la salsa y, si resulta demasiado ácida, incorporar una pequeña pizca de azúcar. Mantenerla tibia hasta el momento de servir.
- Colocar abundante aceite en una sartén profunda o cacerola y calentarlo a aproximadamente 170-175 °C. La cantidad debe permitir que los ravioles queden sumergidos o puedan darse vuelta fácilmente.
- Retirar los ravioles de la heladera y colocar unas pocas unidades en el aceite caliente, evitando llenar demasiado la sartén.
- Freír durante aproximadamente 2 a 4 minutos, según el tamaño y el grosor de la pasta, dándolos vuelta con una pinza para conseguir una cocción pareja. Deben quedar dorados y crocantes, con el relleno completamente caliente.
- Retirar los ravioles con una espumadera o pinza y colocarlos sobre una rejilla o papel absorbente para eliminar el exceso de aceite.
- Repetir la fritura con el resto de los ravioles, procurando mantener una temperatura constante para que el rebozado no absorba demasiado aceite.
- Acomodar los ravioles fritos sobre una fuente amplia. Espolvorear con un poco de queso rallado y perejil fresco picado.
- Servir inmediatamente, acompañados con la salsa de tomate tibia en un recipiente pequeño. La idea es poder tomar cada raviol con la mano y mojarlo en la salsa antes de comerlo.
Tips y consejos
- Elegir ravioles frescos: funcionan mejor los de tamaño mediano y con bordes bien sellados, para evitar que el relleno se escape.
- Controlar el relleno: los ravioles de ricota y mozzarella quedan especialmente cremosos, aunque también se pueden utilizar otros sabores.
- Utilizar pan rallado grueso: aporta una cobertura más crocante. También se puede mezclar con un poco de panko.
- Condimentar el rebozado: el ajo, el orégano y el queso rallado ayudan a conseguir una capa exterior más sabrosa.
- Presionar suavemente: el pan rallado debe adherirse sin romper la masa ni aplastar el relleno.
- Respetar el descanso: llevar los ravioles rebozados a la heladera ayuda a que la cobertura no se desprenda durante la fritura.
- Mantener la temperatura: el aceite demasiado frío puede dejar los ravioles grasosos, mientras que uno excesivamente caliente puede dorarlos antes de que el interior esté listo.
- Freír en pequeñas tandas: permite controlar mejor la cocción y evita que las piezas se peguen entre sí.
- Comprobar el interior: los ravioles frescos deben quedar completamente cocidos, especialmente si la masa es gruesa. Si son congelados o requieren precocción, seguir las indicaciones del fabricante antes de rebozarlos.
- Escurrir correctamente: colocarlos sobre una rejilla ayuda a conservar mejor su textura crocante.
- Servir recién hechos: el rebozado queda más crocante cuando los ravioles están calientes.
- Acompañar con salsa espesa: una salsa de tomate concentrada resulta ideal para mojar los bocaditos sin humedecer demasiado la cobertura.
Quedan dorados y crocantes por fuera, con un relleno de queso suave y sabroso. Perfectos para disfrutar recién hechos.
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