Un clásico que no falla, pero con un giro sutil que lo vuelve todavía más irresistible.
La textura sigue siendo la de siempre: suave, aireada y húmeda, con ese contraste perfecto entre el café y el cacao.

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La diferencia está en un toque extra de dulzura que lo hace más redondo y goloso sin perder su esencia.
Ingredientes
- 300 g de vainillas (savoiardi)
- 500 g de queso mascarpone
- 4 huevos
- 120 g de azúcar
- 3 cucharadas colmadas de dulce de leche
- 1 taza de café fuerte (frío)
- Cacao amargo en polvo (cantidad necesaria)
Preparación
- Separá las claras de las yemas en dos bowls distintos. Es importante que no quede nada de yema en las claras para que monten bien después.
- Batí las yemas con el azúcar hasta obtener una mezcla clara, espesa y cremosa. Este paso es clave para lograr una textura suave.
- Incorporá el mascarpone a la preparación de yemas y mezclá suavemente hasta integrar por completo. No hace falta batir en exceso.
- Sumá el dulce de leche y mezclá hasta lograr una crema homogénea, con un tono levemente más oscuro que el clásico tiramisú.
- En otro bowl, batí las claras a punto nieve hasta que estén firmes.
- Integrá las claras a la crema en dos o tres tandas, con movimientos envolventes para no perder el aire. Esto le da la textura liviana característica.
- Prepará el café y dejalo enfriar completamente.
- Sumergí rápidamente las vainillas en el café (sin que se desarmen) y colocá una primera capa en la base del molde.
- Cubrí con una capa generosa de la crema.
- Repetí el proceso alternando vainillas y crema hasta completar el molde, terminando con crema.
- Llevá a la heladera por al menos 6 horas, idealmente de un día para el otro, para que tome consistencia.
- Antes de servir, espolvoreá cacao amargo por toda la superficie.
Consejos:
- No empapes demasiado las vainillas, solo un contacto rápido con el café para que no se desarmen.
- El café debe estar frío para no afectar la textura de la crema.
- Si querés un sabor más intenso, podés usar café espresso bien concentrado.
- El reposo en frío es fundamental: cuanto más tiempo, mejor se asientan las capas.
- Usá cacao amargo de buena calidad para equilibrar el dulzor.
- Mezclá la crema con movimientos suaves para mantenerla aireada y liviana.
Dejalo enfriar bien y vas a tener un tiramisú cremoso, equilibrado y con ese toque distinto que lo hace todavía más tentador.
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