No hay nada más reconfortante que sentir el aroma a pan casero recién horneado invadiendo toda la casa.
Para lograr ese resultado delicioso y hogareño, no hace falta ser un experto panadero.

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Con ingredientes básicos y unos pocos pasos, podés disfrutar de un pan casero esponjoso y con una corteza dorada que va a enamorar a toda la familia.
Ingredientes
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500 gr de harina de trigo
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300 ml de agua tibia
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15 gr de levadura fresca
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10 gr de azúcar
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10 gr de sal
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30 ml de aceite de oliva
Preparación
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Lo primero que tenés que hacer es activar la levadura. En un recipiente pequeño, disolvé la levadura fresca junto con el azúcar en el agua tibia. Dejá reposar por unos 10 minutos, hasta que veas que se forman burbujas en la superficie.
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En un bol grande, mezclá los ingredientes secos. Colocá la harina y la sal, integrándolos bien.
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Hacé un hueco en el centro de la harina y verté la mezcla de agua con levadura, junto con el aceite de oliva. Empezá a integrar con las manos o con una cuchara de madera hasta que se forme una masa.
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Pasá la masa a una superficie limpia y amasá durante 10 o 15 minutos. Vas a notar cómo se vuelve elástica y suave.
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Colocá la masa en un bol, cubrila con un repasador limpio y dejala leudar en un lugar cálido por aproximadamente una hora, o hasta que duplique su tamaño.
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Una vez levada, desgasificá la masa presionándola suavemente con los dedos para eliminar el exceso de aire.
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Dale la forma que prefieras: un bollo grande, varios pequeños o incluso podés colocarla en un molde.
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Dejala reposar nuevamente durante unos 30 minutos para que vuelva a levar.
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Mientras tanto, precalentá el horno a 200 grados.
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Llevala al horno y cociná durante 25 a 30 minutos, o hasta que la superficie esté dorada y al golpear la base suene hueco.
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Una vez listo, retiralo del horno y dejalo enfriar unos minutos antes de cortarlo. Así la miga se termina de asentar y vas a tener un pan casero perfecto para acompañar cualquier comida.
Disfrutalo tibio, con manteca, mermelada o simplemente solo… ¡porque recién hecho sabe todavía mejor!
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