Estos muffins cítricos son una preparación clásica, liviana y muy rendidora, ideales para una merienda casera o un desayuno distinto.
Tienen una textura suave, un interior húmedo y un perfume delicado que combina a la perfección la naranja y el limón.

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No llevan rellenos ni coberturas pesadas, lo que los hace equilibrados y agradables para todos los gustos.
Ingredientes
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100 g de manteca a temperatura ambiente
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180 g de azúcar
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2 huevos
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1 cucharadita de esencia de vainilla
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Ralladura de 1 naranja
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Ralladura de 1 limón
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Jugo de ½ limón
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300 g de harina leudante
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200 ml de leche
Preparación
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Precalentá el horno a 180 °C y colocá pirotines en una muffinera.
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En un bowl, batí la manteca pomada junto con el azúcar hasta obtener una mezcla cremosa, clara y bien integrada.
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Agregá los huevos de a uno, batiendo luego de cada incorporación para que se integren correctamente.
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Sumá la esencia de vainilla, la ralladura de naranja, la ralladura de limón y el jugo de limón, y mezclá suavemente.
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Incorporá la harina leudante tamizada en dos o tres tandas, alternando con la leche, mezclando hasta lograr una preparación homogénea y sin grumos.
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Distribuí la mezcla en los pirotines, llenándolos hasta aproximadamente dos tercios de su capacidad.
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Llevá al horno y cociná durante 18 a 22 minutos, hasta que estén levemente dorados y al pinchar con un palillo salga limpio.
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Retirá del horno y dejá reposar unos minutos antes de retirar de la muffinera.
Tips y consejos:
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La manteca debe estar blanda para lograr una miga más aireada; si está fría, la mezcla no emulsiona bien.
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No batas de más una vez agregada la harina, ya que eso puede volver los muffins más compactos.
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Usar ralladura fresca aporta un aroma más natural y delicado que los saborizantes artificiales.
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Si el horno calienta fuerte, conviene girar la bandeja a mitad de cocción para un dorado parejo.
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Para un acabado clásico, se pueden espolvorear apenas con azúcar impalpable una vez fríos.
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Estos muffins se conservan muy bien hasta 3 días en un recipiente hermético a temperatura ambiente.
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También se pueden freezar ya fríos y descongelar sin perder humedad ni textura.
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Son ideales para acompañar con café, té, mate o un vaso de leche.
El resultado es un muffin simple, aromático y bien equilibrado, con una miga suave y un sabor cítrico que se disfruta en cada bocado.
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