Si buscás un bizcocho esponjoso, dorado y fácil de hacer, esta versión en licuadora es ideal.
En pocos minutos vas a tener una masa suave, con ese aroma a vainilla que llena toda la cocina.

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Es una receta práctica y rendidora, perfecta para acompañar el mate o un café con leche.
Ingredientes
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3 huevos
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1 taza de azúcar (200 g)
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1 taza de leche (240 ml)
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½ taza de aceite vegetal (120 ml)
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2 tazas de harina común (240 g)
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1 cucharada de esencia de vainilla
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1 cucharada de polvo de hornear (10 g)
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Una pizca de sal
Preparación
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Encendé el horno y precalentá a 180 °C. Mientras tanto, enmantecá y enhariná un molde tipo savarín o budinera, para que el bizcocho no se pegue.
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En la licuadora colocá los huevos, el azúcar, la leche, el aceite y la esencia de vainilla. Licuá durante un minuto y medio o dos, hasta que quede una mezcla homogénea y aireada.
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En otro recipiente mezclá la harina con el polvo de hornear y la pizca de sal. Incorporá esta mezcla seca de a poco a la licuadora, licuando por pulsos o a velocidad baja para que no se forme una masa pesada.
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Cuando veas que la preparación está lisa y sin grumos, volcala en el molde.
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Llevá al horno por unos 40 minutos, o hasta que al insertar un palillo en el centro, salga completamente seco.
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Una vez listo, dejalo enfriar unos minutos antes de desmoldar para evitar que se rompa. Servilo a temperatura ambiente y disfrutá de su textura esponjosa.
Tips y consejos:
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Si querés un toque distinto, podés agregarle ralladura de limón o de naranja a la mezcla antes de licuar. Le da un aroma fresco y combina muy bien con el sabor dulce del bizcocho.
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Evitá batir demasiado la harina para que el resultado quede liviano y no denso.
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Si tu horno tiende a dorar más de un lado, girá el molde a mitad de cocción para lograr un color parejo.
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Podés reemplazar parte del azúcar por miel o azúcar mascabo para una versión más húmeda.
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Si querés hacerlo aún más suave, reemplazá un cuarto de taza de la harina por fécula de maíz (maicena).
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Este bizcocho se conserva muy bien tapado a temperatura ambiente por dos o tres días, o podés freezarlo envuelto en film.
Ideal para servir con un toque de azúcar impalpable por encima o acompañado de una mermelada casera.
Un clásico simple que nunca falla y que, una vez que lo probás, se vuelve parte del repertorio de todos los días.
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