Pancitos dulces rellenos de crema
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Pancitos dulces rellenos de crema

Estos pancitos dulces rellenos de crema quedan suaves, brillantes y bien tentadores, con una miga tierna y un centro cremoso que los hace irresistibles.

Son ideales para servir tibios o fríos, cortados en porciones, con ese aspecto casero y abundante que entra por los ojos.

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La combinación de pan dulce, relleno suave y cobertura brillante los convierte en una receta perfecta para preparar algo distinto sin complicarse demasiado.

Ingredientes

Para la masa:

  • 500 g de harina 0000
  • 80 g de azúcar
  • 10 g de levadura seca o 25 g de levadura fresca
  • 220 cc de leche tibia
  • 2 huevos
  • 80 g de manteca pomada
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla
  • 1 pizca de sal

Para la crema del relleno:

  • 300 g de queso crema firme
  • 150 g de leche condensada
  • 1 huevo
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla
  • 1 cucharada de almidón de maíz

Para pincelar y terminar:

  • 1 huevo batido
  • 2 cucharadas de leche
  • 3 cucharadas de mermelada de durazno o damasco
  • 1 cucharada de agua caliente

Preparación

  1. Colocá la harina en un bowl grande y agregá el azúcar y la pizca de sal. Mezclá bien para distribuir los ingredientes secos. Hacé un hueco en el centro y sumá la levadura, la leche tibia, los huevos y la esencia de vainilla.
  2. Empezá a mezclar desde el centro hacia afuera hasta formar una masa. Cuando la harina haya absorbido casi todo el líquido, incorporá la manteca pomada de a poco. Al principio la masa puede parecer pegajosa, pero con el amasado va tomando cuerpo.
  3. Pasá la masa a la mesada y amasá durante 10 a 12 minutos, hasta que quede lisa, suave y elástica. No agregues harina de más, porque eso puede hacer que los pancitos salgan pesados. Si se pega un poco, seguí amasando con paciencia hasta que se vuelva más manejable.
  4. Formá un bollo, colocalo en un bowl apenas enharinado, tapalo con un repasador limpio y dejalo descansar en un lugar templado durante 1 hora o hasta que duplique su tamaño. El levado es importante para que la miga quede aireada y tierna.
  5. Mientras la masa descansa, prepará la crema. En un bowl mezclá el queso crema con la leche condensada, el huevo, la esencia de vainilla y el almidón de maíz. Batí solo hasta integrar, sin incorporar demasiado aire. Tiene que quedar una crema lisa, espesa y sin grumos.
  6. Cuando la masa haya levado, bajala suavemente con las manos y dividila en porciones parejas. Podés hacer 12 pancitos medianos o 9 más grandes, según el molde que uses.
  7. Formá bollitos prolijos y acomodalos en una fuente para horno apenas enmantecada o cubierta con papel manteca, dejando un pequeño espacio entre cada uno. Al levar, se van a unir un poco y quedarán con ese aspecto de pancitos pegados.
  8. Tapá la fuente y dejá descansar los bollitos durante 30 a 40 minutos más, hasta que se vean más inflados y livianos. Mientras tanto, precalentá el horno a 180 °C.
  9. Con los dedos o con la base de una cucharita, hacé una cavidad en el centro de cada pancito. No atravieses la masa hasta abajo; solo formá un hueco amplio para colocar la crema. Si la masa vuelve a subir, presioná apenas otra vez.
  10. Rellená cada cavidad con una buena cucharada de crema. Si querés que también queden más cremosos por dentro, podés hacer un pequeño corte lateral en algunos pancitos y colocar un poco de crema con manga antes de llevarlos al horno, pero sin excederte para que no se escape demasiado durante la cocción.
  11. Pincelá las partes de masa visibles con huevo batido mezclado con leche, evitando pasar por encima de la crema. Esto ayuda a que los pancitos queden bien dorados y brillantes.
  12. Llevá al horno durante 22 a 28 minutos, o hasta que la masa esté dorada y cocida. La crema debe verse firme en la superficie, pero todavía suave y cremosa. Si los pancitos se doran muy rápido, bajá apenas la temperatura del horno.
  13. Retirá la fuente y dejá reposar unos minutos. Mezclá la mermelada con el agua caliente hasta formar una preparación liviana y pincelá los pancitos mientras todavía están tibios. Esto les da brillo, humedad y una terminación más tentadora.
  14. Dejalos enfriar un poco antes de servir. Se pueden comer tibios, cuando la crema todavía está suave, o fríos, cuando el relleno toma más cuerpo y se corta mejor.

Tips y consejos:

  • Para que la masa quede bien tierna, la leche tiene que estar tibia, no caliente. Si está demasiado fuerte, puede arruinar la levadura y afectar el levado. Tiene que sentirse apenas cálida al tocarla.
  • No agregues harina de más durante el amasado. Una masa dulce con manteca suele ser un poco pegajosa al principio, pero con trabajo se vuelve más lisa. Si la secás demasiado, los pancitos pueden quedar duros después del horno.
  • La manteca debe estar pomada, no derretida. Si la agregás líquida, la masa puede perder estructura y quedar más difícil de trabajar. Lo ideal es que esté blanda, cremosa y fácil de integrar.
  • El primer levado debe hacerse en un lugar templado y sin corrientes de aire. Si el ambiente está frío, podés dejar el bowl cerca de una ventana con sol suave o dentro del horno apagado, solo con la luz encendida.
  • Para que los pancitos salgan parejos, pesá las porciones de masa. No es obligatorio, pero ayuda mucho si querés que se cocinen al mismo tiempo y queden más prolijos en la fuente.
  • Al hacer la cavidad para la crema, presioná con cuidado. Si el hueco queda muy superficial, el relleno puede desbordarse; si queda demasiado profundo, puede romper la base del pancito. Buscá un centro marcado, pero con masa suficiente abajo.
  • El queso crema tiene que ser firme. Si usás uno demasiado líquido, la crema puede quedar floja y desparramarse durante la cocción. Si lo notás muy blando, podés agregar media cucharada extra de almidón de maíz.
  • La leche condensada aporta dulzor y textura cremosa. Si querés una versión menos dulce, podés reemplazar una parte por crema de leche, aunque el relleno quedará un poco más suave y menos intenso.
  • La esencia de vainilla combina muy bien con este tipo de relleno, pero también podés sumar ralladura de limón o naranja para darle un aroma más fresco. Usá poca cantidad para que no tape el sabor de la crema.
  • Si querés un relleno más abundante, podés usar una manga pastelera. Así podés colocar la crema con más precisión en cada hueco y evitar que manche demasiado la superficie de los pancitos.
  • No conviene hornearlos de más. Apenas la masa esté dorada y cocida, retiralos. Si se pasan de cocción, la miga puede perder humedad y la crema puede quedar demasiado firme.
  • El brillo final con mermelada le da un aspecto más atractivo y también ayuda a mantener la superficie húmeda. La de durazno o damasco funciona muy bien porque tiene un sabor suave y no cambia demasiado el color.
  • Si querés una terminación más dulce, podés agregar un hilo fino de leche condensada por encima una vez que estén fríos. No hace falta mucha cantidad, porque el relleno ya tiene dulzor.
  • Para conservarlos, guardalos en un recipiente cerrado en la heladera. Como tienen crema, no conviene dejarlos muchas horas a temperatura ambiente, sobre todo en días de calor.
  • Antes de servirlos fríos, podés dejarlos unos minutos fuera de la heladera para que la masa recupere suavidad. Si los querés tibios, calentarlos apenas unos segundos en microondas ayuda, pero sin pasarse para que la crema no se derrita demasiado.

Estos pancitos dulces rellenos de crema quedan suaves, brillantes y con una textura muy agradable en cada bocado.

Servilos en la misma fuente o cortados en porciones, con la crema bien visible y la superficie dorada para que luzcan tan ricos como caseros.

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