Estos bizcochitos de grasa son ideales para acompañar el mate, preparar para la merienda o tener listos para picar algo salado durante el día.
Tienen una masa simple, con pocos ingredientes, pero el secreto está en trabajarla bien y dejarla descansar para que queden ricos y con buena textura.

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Salen doraditos por fuera, tiernos por dentro y con ese sabor clásico que los hace difíciles de dejar de comer.
Ingredientes
- 500 g de harina 0000
- 15 g de sal fina
- 10 g de azúcar
- 25 g de levadura fresca o 7 g de levadura seca
- 250 cc de agua tibia
- 150 g de grasa vacuna derretida, tibia
- Harina extra para estirar la masa
Preparación
- Colocá la harina en un bowl grande y mezclala con la sal y el azúcar. Hacé un hueco en el centro para agregar los ingredientes líquidos. Es importante que la sal no quede en contacto directo con la levadura al principio, para que no afecte el levado.
- Disolvé la levadura fresca en el agua tibia. Si usás levadura seca, también podés mezclarla con el agua y dejarla reposar unos minutos hasta que se active apenas. El agua tiene que estar tibia, no caliente, porque si está demasiado fuerte puede arruinar la levadura.
- Agregá el agua con levadura en el centro de la harina y sumá la grasa derretida tibia. Empezá a mezclar con una cuchara o con la mano hasta formar una masa. Al principio puede parecer un poco despareja, pero a medida que la trabajes va a tomar mejor consistencia.
- Pasá la masa a la mesada y amasá durante 8 a 10 minutos. Tiene que quedar lisa, suave y manejable. Si está muy pegajosa, agregá apenas un poco de harina, pero sin pasarte, porque demasiada harina puede hacer que los bizcochitos queden duros.
- Formá un bollo, colocálo en un bowl apenas enharinado, tapalo con un repasador limpio y dejalo descansar durante 40 minutos, o hasta que se note más relajado y apenas levado. No hace falta que duplique mucho su tamaño como un pan, pero sí que la masa pierda tensión.
- Estirá la masa sobre la mesada enharinada hasta dejarla de aproximadamente 1 cm de grosor. Para lograr bizcochitos más parejos, tratá de estirar sin aplastar de más. La masa tiene que quedar pareja para que se cocinen todos al mismo tiempo.
- Cortá los bizcochitos con un cortante redondo chico o en cuadrados con cuchillo. Acomodalos en una placa apenas engrasada o con papel manteca, dejando un pequeño espacio entre cada uno.
- Pinchá la superficie de cada bizcochito con un tenedor. Este detalle ayuda a que no se inflen demasiado y les da ese aspecto clásico. Tapalos nuevamente y dejalos descansar otros 15 a 20 minutos mientras precalentás el horno.
- Llevá a horno precalentado a 180 °C durante 18 a 25 minutos, dependiendo del tamaño. Tienen que quedar apenas dorados, con la base cocida y la superficie ligeramente tostada. No conviene pasarlos de cocción, porque pueden secarse demasiado.
- Retiralos del horno y dejalos enfriar sobre una rejilla o una tabla. Cuando están recién hechos quedan más tiernos, y al enfriarse toman mejor textura. Se pueden comer tibios o fríos.
Tips y consejos:
- Para que salgan con buen sabor, usá grasa vacuna de buena calidad. Es el ingrediente que le da el gusto característico a los bizcochitos. Si la grasa tiene olor muy fuerte o está vieja, se va a notar mucho en el resultado final.
- La grasa debe agregarse derretida, pero no caliente. Si la incorporás demasiado caliente, puede afectar la levadura y cambiar la textura de la masa. Lo ideal es que esté líquida y tibia, fácil de mezclar.
- No agregues harina de más durante el amasado. Es preferible trabajar la masa unos minutos hasta que se vuelva más lisa antes que llenarla de harina. Una masa muy seca da bizcochitos más duros y menos agradables.
- El descanso es importante porque permite que la masa se relaje. Si estirás apenas terminás de amasar, puede encogerse y costar más darle forma. Con un buen reposo, se estira mejor y los bizcochitos quedan más parejos.
- Si querés que queden más hojaldrados, podés hacer un pliegue simple: estirá la masa, doblala en tres partes, dejala descansar 10 minutos y volvé a estirar. No hace falta hacerlo muchas veces; con una o dos vueltas alcanza para sumar textura sin complicar la receta.
- Para una versión más sequita y crocante, estirá la masa un poco más fina y cocinalos unos minutos extra, siempre controlando que no se quemen. Para una versión más tierna, dejalos de 1 cm o un poco más de grosor.
- El pinchado con tenedor no es solo decorativo. Ayuda a que el calor entre mejor y evita que se formen globos grandes en la superficie. Hacelo con suavidad, sin aplastar demasiado la masa.
- Si querés darles un toque diferente, podés agregar una pizca de pimienta, queso rallado bien fino o semillas de sésamo por encima. La versión clásica es simple, pero esos agregados quedan muy bien si buscás variar.
- Para conservarlos, guardalos en un recipiente hermético cuando estén completamente fríos. Si los guardás tibios, juntan humedad y se ablandan. Bien cerrados duran varios días.
- Si al día siguiente querés recuperar un poco la textura, podés calentarlos unos minutos en horno bajo. Evitá el microondas si querés que mantengan mejor la superficie, porque tiende a dejarlos gomosos.
Estos bizcochitos de grasa quedan perfectos para acompañar unos mates o una merienda simple.
Con una buena masa, el descanso justo y una cocción pareja, salen caseros, sabrosos y con ese toque tradicional que nunca falla.
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