Son ideales para acompañar una merienda salada, con una textura tierna por dentro y apenas crocante por fuera.
Quedan doradas, aromáticas y con ese sabor a queso que las hace perfectas para servir en una fuente grande.

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Además, se pueden decorar con semillas para darles una terminación más vistosa y casera.
Ingredientes
- 300 g de harina común
- 100 g de queso rallado
- 80 g de manteca fría
- 1 huevo
- 80 ml de leche
- 1 cdita de polvo de hornear
- 1 cdita de sal
- 1 pizca de pimienta
- 1 pizca de pimentón dulce, opcional
- 1 yema para pincelar
- 1 cda de leche para mezclar con la yema
- Semillas de sésamo, lino o mezcla de semillas, a gusto
Preparación
- Colocá la harina en un bowl amplio junto con el polvo de hornear, la sal, la pimienta y el pimentón dulce si querés darles un color más cálido. Mezclá bien para repartir los secos de manera pareja.
- Agregá la manteca fría cortada en cubitos y trabajala con la punta de los dedos hasta formar una textura arenosa. No hace falta deshacerla por completo; algunos pedacitos pequeños ayudan a que las rosquitas queden más sabrosas.
- Sumá el queso rallado y mezclá nuevamente. Conviene usar un queso con buen sabor, porque es el ingrediente que más se va a notar en la masa.
- Incorporá el huevo y agregá la leche de a poco. Uní todo hasta formar una masa suave, apenas firme y fácil de manejar. Si queda muy seca, sumá una cucharada más de leche; si queda demasiado pegajosa, agregá apenas un poco de harina.
- Pasá la masa a la mesada apenas enharinada y unila sin amasar demasiado. Formá un bollo, tapalo y dejalo descansar durante 15 minutos para que sea más fácil de trabajar.
- Tomá pequeñas porciones de masa y formá tiras cortas con las manos. Uní los extremos para hacer rosquitas chicas, presionando suavemente para que no se abran durante la cocción.
- Acomodalas en una placa enmantecada o cubierta con papel manteca, dejando un poco de espacio entre cada una. No hace falta hacerlas perfectas; una forma apenas irregular les da un aspecto más casero.
- Mezclá la yema con la cucharada de leche y pincelá la superficie de cada rosquita. Espolvoreá semillas por encima, usando sésamo, lino o una mezcla para que queden más atractivas.
- Llevá a horno precalentado a 180 °C durante 18 a 22 minutos, o hasta que estén doradas y firmes. El tiempo puede variar según el tamaño, así que conviene revisarlas cuando empiecen a tomar color.
- Retiralas del horno y dejalas entibiar sobre una rejilla. Al enfriarse unos minutos, toman mejor textura y quedan listas para servir.
Tips y consejos:
- Usá manteca fría para lograr una masa más rica y con mejor textura.
- No amases de más, porque las rosquitas pueden quedar duras.
- Si querés un sabor más intenso, podés mezclar queso rallado con un poco de queso semiduro bien picado.
- Para que se vean más doradas, no saltees el pincelado con yema y leche.
- Las semillas se pueden cambiar por orégano, pimentón, queso rallado extra o una mezcla de condimentos suaves.
- Si las querés más crocantes, hacelas un poco más finitas y dejalas unos minutos más en el horno.
- Si preferís una textura más tierna, formá rosquitas apenas más gruesas y no las cocines de más.
- Guardalas en un recipiente cerrado cuando estén completamente frías para que mantengan mejor la textura.
Quedan doradas, sabrosas y muy lindas para presentar en una fuente o canasta.
Son una opción salada simple, rendidora y perfecta para acompañar algo caliente sin preparar una receta pesada.
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