Esta receta es ideal para quienes buscan un plato rápido, sabroso y perfecto para acompañar con arroz, puré o simplemente un buen pan casero.
La combinación de la manteca, el ajo y el queso parmesano le da un sabor espectacular que conquista a todos.

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Ingredientes
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500 g de carne (lomo, cuadril o cualquier corte tierno), cortada en trozos medianos
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1 cucharada de aceite de oliva
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Sal y pimienta a gusto
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2 cucharadas de manteca
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2 dientes de ajo picados bien finito
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1 taza de crema de leche (crema para batir o crema espesa)
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½ taza de queso parmesano rallado
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1 cucharadita de perejil fresco picado (opcional)
Preparación
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Colocá una sartén grande a fuego medio-alto y agregá el aceite de oliva.
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Salpimentá los trocitos de carne y doralos de todos lados. No los muevas demasiado para que se forme una buena costra. Este paso es clave para sumar sabor.
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Retirá la carne de la sartén y reservá en un plato cubierto para que no se enfríe.
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En la misma sartén, bajá el fuego a medio y derretí la manteca.
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Agregá el ajo picado y cociná solo por un par de minutos. Cuidado de no quemarlo, ya que el ajo amargo puede arruinar la salsa.
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Incorporá la crema de leche y mezclá bien con una cuchara de madera o espátula.
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Dejá que la crema comience a espesar, revolviendo de vez en cuando para evitar que se pegue.
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Sumá el queso parmesano rallado en forma de lluvia, mientras seguís mezclando. Esto le dará a la salsa una textura más densa y un sabor más profundo.
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Volvé a colocar los trocitos de carne en la sartén y cociná todo junto durante unos minutos más, para que la carne se impregne bien con la salsa.
Consejos:
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Si querés un sabor más intenso, podés añadir un poco más de queso parmesano o incluso un toque de pimienta blanca.
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Para una salsa más ligera, podés reemplazar la crema de leche por crema de soja o incluso por leche evaporada.
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Si buscás un toque de frescura, agregá unas gotitas de jugo de limón justo antes de servir.
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Esta preparación también queda muy bien si sumás champiñones salteados o unas hojas de espinaca fresca.
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Si la salsa te queda muy espesa, podés aligerarla con un chorrito de caldo de carne o un poco de leche.
Servilo bien caliente, espolvoreado con perejil picado por encima, y acompañalo con una buena guarnición.
¡Una receta simple y casera que nunca falla!
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