La tarta de queso es un clásico de la repostería que conquista con su textura cremosa, su sabor suave y ese dorado irresistible en la superficie.
En muchos restaurantes se sirve como postre estrella, y aunque parece complicada, en realidad es muy sencilla de preparar en casa siguiendo los pasos correctos.

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Ingredientes
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600 g de queso crema
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200 g de azúcar
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4 huevos
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200 ml de crema de leche
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30 g de harina 0000
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1 cucharadita de esencia de vainilla
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Ralladura de 1 limón (opcional)
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Manteca para engrasar el molde
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Papel manteca para forrar
Preparación
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Precalentar el horno a 200 °C. Engrasar un molde desmontable y forrarlo con papel manteca, dejando que sobresalga por los bordes para darle el aspecto rústico característico.
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En un bowl grande, batir el queso crema junto con el azúcar hasta obtener una crema lisa y sin grumos.
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Añadir los huevos de a uno, batiendo bien después de cada incorporación.
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Incorporar la crema de leche y la esencia de vainilla, integrando con movimientos suaves.
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Agregar la harina tamizada y, si se desea, la ralladura de limón para dar un toque fresco. Mezclar hasta conseguir una preparación homogénea.
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Verter la mezcla en el molde forrado con papel manteca.
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Llevar al horno durante 40 a 45 minutos. La tarta debe quedar cuajada pero con el centro ligeramente tembloroso, lo que le dará una textura cremosa al enfriarse.
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Apagar el horno y dejar la tarta adentro con la puerta entreabierta durante 10 minutos para evitar que se agriete.
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Retirar, dejar enfriar completamente a temperatura ambiente y luego llevar a la heladera por al menos 4 horas antes de servir.
Consejos:
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Para lograr un sabor más intenso, usá queso crema de buena calidad y a temperatura ambiente.
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No batas en exceso después de añadir la harina, para evitar que la mezcla incorpore demasiado aire.
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El tiempo de cocción puede variar según el horno: lo importante es que la superficie esté dorada y el centro aún conserve un leve movimiento.
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Si querés un acabado más gourmet, espolvoreá azúcar sobre la superficie y dorá con soplete.
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Podés acompañarla con frutos rojos frescos o una salsa de frutillas casera.
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Forrar el molde con papel manteca ayuda a que la tarta no se pegue y conserve su forma rústica.
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Se conserva perfecta en heladera por hasta 3 días, manteniendo toda su cremosidad.
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Si buscás una textura más densa, agregá 50 g extra de harina a la preparación.
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Para un toque diferente, podés sustituir la vainilla por ralladura de naranja.
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Servila siempre fría: es cuando alcanza su mejor sabor y consistencia.
Con esta receta, vas a disfrutar en casa de una tarta de queso con la misma cremosidad y presentación que en los mejores restaurantes.
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