Esta preparación clásica napolitana se caracteriza por su masa finísima y súper crujiente, creada a partir de un laminado muy delgado que se enrolla y se trabaja cuidadosamente.
El resultado es un dulce lleno de capas que se abren al hornearse, con una textura única y un interior suave y aromático.

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Requiere paciencia, pero el resultado es inigualable.
Ingredientes
Para la masa
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500 g de harina 000 (preferiblemente fuerte)
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200 ml de agua tibia
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1 pizca generosa de sal
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120 g de grasa vacuna o manteca (solo para laminado)
Para el relleno tradicional
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250 g de ricota bien escurrida
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80 g de azúcar
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60 g de sémola cocida y fría
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1 huevo
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1 cucharadita de esencia de vainilla
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½ cucharadita de canela
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30 g de cáscara de naranja abrillantada picada fina
Para finalizar
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Azúcar impalpable para espolvorear
Preparación
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Colocar la harina y la sal en un bowl grande. Agregar el agua tibia de a poco mientras se mezcla, hasta formar una masa firme y ligeramente seca.
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Amasar durante 10 minutos hasta lograr una textura muy elástica. Formar un bollo, cubrir y dejar descansar 40 minutos para que pierda tensión.
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Dividir la masa en dos partes. Tomar la primera y comenzar a estirarla con palo de amasar, logrando una lámina lo más fina posible.
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Pasar la masa por una máquina de pasta (si se tiene) reduciendo el grosor gradualmente hasta obtener una tira larga, flexible y casi translúcida. Este paso es clave para conseguir las múltiples capas.
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Derretir la grasa vacuna o manteca y reservarla tibia.
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Colocar la tira de masa sobre la mesada y pincelar toda la superficie con grasa derretida. Esto evita que las capas se peguen entre sí y favorece el hojaldrado.
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Enrollar la tira desde un extremo, formando un cilindro compacto. No ajustar demasiado para que las capas se puedan abrir en el horneado.
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Repetir el proceso con la otra mitad de masa y unir los cilindros solo si es necesario para mayor cantidad.
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Envolver el cilindro en film y llevarlo a la heladera 12 a 24 horas para que endurezca ligeramente.
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Una vez frío, cortar rodajas de 3 a 4 cm de ancho. Cada rodaja mostrará decenas de capas concéntricas.
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Tomar una rodaja y, usando los dedos untados en grasa, presionar desde el centro hacia afuera creando una especie de cono o “campanita”.
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Preparar el relleno mezclando ricota, azúcar, sémola, huevo, vainilla, canela y naranja abrillantada. Debe quedar espeso y sin exceso de humedad.
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Rellenar cada cono con una cucharada abundante de la mezcla sin llegar al borde.
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Cerrar presionando apenas la abertura superior, sin sellarla completamente para que conserve su forma característica.
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Acomodar las piezas en una placa ligeramente engrasada.
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Hornear a 220 °C durante 15 a 18 minutos hasta que las capas se abran y tomen un dorado intenso y uniforme.
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Retirar y dejar enfriar unos minutos antes de espolvorear con azúcar impalpable.
Tips y consejos:
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La masa debe estirarse tan fina que casi se vea la mesada a través de ella.
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Cuanto más fino el laminado, más capas se formarán en el horneado.
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La grasa debe estar tibia, no caliente, para que se distribuya bien sin derretir la masa.
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Si la ricota tiene mucha humedad, escurrir en un colador antes de usarla.
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No comprimir la sfogliatella al formar el cono: necesita espacio para abrir las capas.
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Cocinar siempre en horno fuerte para lograr la clásica textura crocante.
La sfogliatella es un dulce que destaca por su trabajo artesanal y su resultado delicado, crujiente y lleno de capas.
Perfecta para disfrutar con un café o como postre especial.
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