Este bizcochuelo clásico nunca falla y es ideal para acompañar el mate, el café o una merienda especial.
Tiene una miga suave, sabor equilibrado y ese efecto marmolado que lo hace irresistible a la vista y al corte.

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Es rendidor, fácil de hacer y sale bien incluso si no tenés mucha experiencia.
Ingredientes
Medida base: 1 taza = 240 ml
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4 huevos
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1 taza de azúcar
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1 taza de leche
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½ taza de aceite
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2 tazas de harina 0000
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1 cucharada de polvo de hornear
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1 cucharadita de esencia de vainilla
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2 cucharadas de cacao amargo
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2 cucharadas de leche extra (para el cacao)
Preparación
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Colocar los huevos en un bowl grande junto con el azúcar y batir hasta obtener una mezcla clara, espumosa y con algo de volumen. Este paso es importante para lograr un bizcochuelo bien aireado.
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Agregar la leche, el aceite y la esencia de vainilla. Mezclar nuevamente hasta integrar todo de manera pareja.
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Incorporar la harina previamente tamizada junto con el polvo de hornear. Hacerlo en dos o tres veces, mezclando con movimientos suaves y envolventes para no bajar el aire de la preparación.
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Dividir la mezcla en dos bowls similares.
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En uno de ellos, agregar el cacao amargo disuelto previamente con las 2 cucharadas de leche extra. Mezclar bien hasta que quede una preparación pareja y sin grumos.
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Enmantecar y enharinar un molde grande de entre 24 y 26 cm de diámetro.
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Colocar cucharadas intercaladas de la mezcla clara y la mezcla de chocolate, cubriendo toda la base del molde.
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Con un palillo o cuchillo, hacer movimientos suaves en forma de espiral o zigzag para crear el efecto marmolado, sin mezclar de más.
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Llevar a horno precalentado a 170–180 °C y cocinar durante 45 a 50 minutos, hasta que al pinchar con un palillo salga seco.
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Retirar del horno, dejar reposar unos minutos y desmoldar con cuidado.
Tips y consejos:
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No batir de más una vez agregada la harina para que el bizcochuelo no quede pesado.
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El marmolado se logra con pocos movimientos; si se mezcla demasiado, los colores se unen y se pierde el efecto.
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Si el horno dora rápido, conviene bajar un poco la temperatura y extender el tiempo de cocción unos minutos.
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Para un sabor más intenso, se puede usar cacao amargo de buena calidad.
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Se puede espolvorear con azúcar impalpable una vez frío para una presentación más tentadora.
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Para una versión cítrica, reemplazar la vainilla por ralladura de limón o naranja y omitir el cacao.
Este bizcochuelo marmolado es de esos clásicos que siempre salen bien y rinden mucho.
Ideal para cortar en porciones generosas, compartir y guardar para varios días sin que pierda humedad ni sabor.
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