Este postre tiene una textura mucho más untuosa que la del flan clásico y un sabor más delicado, gracias al queso Philadelphia en la mezcla.
Queda firme para desmoldar, pero al mismo tiempo muy cremoso al cortar. Es una receta ideal para preparar con tiempo y servir bien fría.

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Ingredientes
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190 g de queso crema Philadelphia
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4 huevos
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1 lata de leche condensada
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2 tazas de leche
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1 cucharadita de esencia de vainilla
Para el caramelo:
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1 taza de azúcar
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1/4 taza de agua
Preparación
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Poné el azúcar junto con el agua en una cacerolita o sartén y llevá a fuego medio. Dejá que se cocine sin revolver hasta que tome un color ámbar parejo.
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Volcá enseguida el caramelo dentro de un molde savarín o con hueco en el centro, girándolo con cuidado para cubrir la base. Reservá unos minutos hasta que se enfríe.
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En una licuadora o bowl amplio colocá el queso Philadelphia, los huevos, la leche condensada, la leche y la esencia de vainilla.
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Procesá o batí hasta obtener una mezcla lisa, uniforme y sin grumos. Es importante que el queso quede bien integrado para lograr esa textura cremosa y pareja.
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Verté la preparación dentro del molde caramelizado, haciéndolo despacio para no formar demasiadas burbujas.
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Colocá el molde dentro de una fuente más grande y agregá agua caliente hasta cubrir parte de la altura del molde. Este paso ayuda a que la cocción sea más suave.
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Llevá a horno precalentado a temperatura media, alrededor de 160 a 170 grados, durante 50 a 60 minutos. El tiempo puede variar un poco según el horno y el tamaño del molde.
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Para comprobar el punto, mové apenas el molde: los bordes deben estar firmes y el centro apenas tembloroso, porque después termina de asentarse al enfriarse.
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Retirá del horno y dejá enfriar primero a temperatura ambiente. Después llevalo a la heladera por un mínimo de 4 horas, aunque queda mucho mejor de un día para el otro.
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Para desmoldarlo, pasá suavemente un cuchillo por los bordes, apoyá el plato encima y girá con cuidado para que el caramelo caiga por arriba.
Tips y consejos:
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Usá el queso a temperatura ambiente para que se mezcle mejor y no queden grumos.
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No cocines de más el flan, porque puede perder esa textura cremosa que lo caracteriza.
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El baño María conviene hacerlo con agua ya caliente para que la cocción arranque de manera pareja.
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Si querés una mezcla todavía más fina, podés colarla antes de ponerla en el molde.
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El caramelo no tiene que quedar demasiado oscuro, porque después toma un gusto amargo muy fuerte.
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Para que desmolde mejor, dejalo bien frío en la heladera y recién ahí pasá el cuchillo por los bordes.
Queda como un postre rendidor, elegante y muy simple de hacer. Bien frío, con bastante caramelo, es de esos que siempre lucen en la mesa.
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