Esta receta es perfecta si querés lucirte con una tarta elegante, dorada y llena de sabor.
Tiene una base de hojaldre crocante, relleno de manzanas cocidas y una cubierta brillante que le da ese toque de pastelería profesional.

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Ingredientes
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1 tapa de masa de hojaldre (casera o comprada)
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4 manzanas verdes (tipo Granny Smith)
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60 g de manteca
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5 cucharadas de azúcar
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Jugo de ½ limón
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1 cucharadita de esencia de vainilla
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1 huevo (para pincelar)
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2 cucharadas de dulce de durazno o damasco (para el brillo)
Preparación
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Pelá las manzanas, retirales el centro y cortalas en cubos medianos. Reservá.
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En una sartén grande, derretí la manteca con el azúcar y el jugo de limón. Agregá las manzanas y cocinalas a fuego medio, revolviendo de vez en cuando, hasta que estén tiernas pero no deshechas (unos 10 a 15 minutos). Sumá la esencia de vainilla al final y dejá enfriar.
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Estirá la masa de hojaldre sobre un molde para tarta de unos 22 cm. Presioná bien los bordes y pinchá la base con un tenedor.
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Rellená la tarta con las manzanas cocidas, nivelando bien la superficie. Si querés, podés cubrir con láminas finas de manzana cruda para lograr un efecto más decorativo como en la imagen.
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Pincelá los bordes con huevo batido para que se doren bien.
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Llevá al horno precalentado a 190 °C y horneá entre 35 y 40 minutos, o hasta que esté bien dorada por fuera.
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Al sacarla del horno, pincelá la superficie con el dulce de durazno o damasco apenas tibio para lograr ese brillo perfecto. Si está muy espeso, podés aflojarlo con una cucharadita de agua caliente.
Consejos:
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Si usás manzanas rojas, el sabor será más dulce, pero las verdes dan mejor contraste y una textura firme.
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Podés preparar el relleno el día anterior y armar la tarta al día siguiente.
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El brillo final es opcional, pero hace toda la diferencia visual. No lo saltees si querés un resultado profesional.
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Se puede servir tibia con crema chantilly, helado de vainilla o sola.
Esta tarta no solo es un clásico irresistible, también es muy fácil de hacer y con un resultado digno de panadería.
Perfecta para sorprender en una merienda o cerrar una comida con algo dulce y casero.
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