Como hacer granola casera crocante y mucho más rica que la comprada
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Como hacer granola casera crocante y mucho más rica que la comprada

Preparar granola casera es una de esas recetas simples que rinden mucho y permiten aprovechar ingredientes que solemos tener en casa.

La clave está en mezclar bien la avena con una parte líquida que ayude a dorar, unir y formar esos pedacitos crocantes.

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Además, se puede adaptar con frutos secos, semillas y frutas deshidratadas según el gusto de cada uno.

Ingredientes

  • 3 tazas de avena arrollada tradicional
  • 1 taza de frutos secos picados o enteros, como almendras, nueces o maní
  • ½ taza de semillas, como girasol, zapallo, chía o sésamo
  • ½ taza de coco rallado o en escamas, opcional
  • ½ taza de miel
  • 3 cucharadas de aceite neutro o aceite de coco
  • 2 cucharadas de azúcar mascabo o azúcar común, opcional
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla
  • 1 cucharadita de canela, opcional
  • 1 pizca de sal
  • ½ taza de pasas, arándanos secos o fruta deshidratada picada

Preparación

  1. Precalentá el horno a temperatura baja o media-baja, aproximadamente 150 a 160 °C. Es importante que no esté demasiado fuerte, porque la granola necesita secarse y dorarse de a poco, no quemarse rápido por fuera.
  2. En un bol grande colocá la avena arrollada, los frutos secos, las semillas, el coco rallado si lo vas a usar, la canela y la pizca de sal. Mezclá bien para que todos los ingredientes secos queden repartidos de manera pareja.
  3. En un recipiente aparte mezclá la miel, el aceite, la esencia de vainilla y el azúcar si querés una granola más dulce. Si la miel está muy espesa, podés entibiarla apenas unos segundos para que se vuelva más fluida y sea más fácil integrarla.
  4. Volcá la mezcla líquida sobre los ingredientes secos. Con una cuchara o espátula, mezclá durante unos minutos hasta que la avena quede bien humedecida. No tiene que quedar empapada, pero sí cubierta con una película ligera de miel y aceite.
  5. Pasá la mezcla a una placa grande para horno, preferentemente cubierta con papel manteca o apenas aceitada. Distribuí la granola en una capa pareja, sin amontonarla demasiado, para que pueda tostarse bien.
  6. Llevá al horno durante 25 a 35 minutos, removiendo cada 10 minutos aproximadamente. Si querés una granola más suelta, revolvé con más frecuencia. Si preferís que se formen pedacitos más grandes, remové menos y presioná un poco la mezcla contra la placa antes de hornear.
  7. Cuando esté dorada y con aroma tostado, sacala del horno. Puede parecer un poco blanda mientras está caliente, pero al enfriarse se vuelve mucho más crocante.
  8. Dejála enfriar completamente en la placa sin moverla demasiado. Una vez fría, agregá las pasas, arándanos secos o la fruta deshidratada que hayas elegido. Mezclá suavemente y guardá en un frasco limpio, seco y bien cerrado.

Tips y consejos:

  • La avena ideal para hacer granola es la avena arrollada tradicional, porque mantiene mejor la forma y logra una textura más crocante. La avena instantánea también se puede usar, pero tiende a quedar más fina, menos suelta y con menos cuerpo. Si querés una granola con pedacitos bien marcados, conviene evitar la avena demasiado molida.
  • El horno bajo es fundamental. Si lo ponés muy fuerte, la granola puede dorarse por fuera antes de secarse bien por dentro, y eso hace que después quede menos crocante o con partes quemadas. Lo mejor es cocinarla con paciencia, a temperatura moderada, removiendo de vez en cuando para que el dorado sea parejo.
  • La mezcla líquida no debe ser excesiva. La miel y el aceite ayudan a unir, dar brillo, sabor y crocancia, pero si agregás demasiado líquido, la granola puede quedar pesada o pegajosa. La idea es que la avena quede ligeramente húmeda, no mojada. Si al mezclar ves que hay líquido acumulado en el fondo del bol, agregá un poco más de avena o frutos secos.
  • Si querés granola con clusters, esos pedacitos grandes y crocantes, no la revuelvas demasiado durante la cocción. Extendela en la placa, presioná apenas con una espátula y remové solo una o dos veces. Cuando la saques del horno, dejala enfriar sin tocarla. Al estar fría, recién ahí podés romperla en trozos del tamaño que prefieras.
  • Las frutas deshidratadas siempre conviene agregarlas al final, cuando la granola ya salió del horno y se enfrió un poco. Si las ponés desde el principio, pueden endurecerse, quemarse o quedar con sabor amargo. Esto pasa especialmente con las pasas, los arándanos secos, los dátiles picados y cualquier fruta con bastante azúcar natural.
  • Los frutos secos pueden ir enteros o apenas picados. Si los dejás enteros, la granola queda más vistosa y con mejor textura. Si los picás mucho, se integran mejor, pero también se pueden tostar demasiado rápido. Una buena opción es mezclar algunos enteros y otros partidos a la mitad.
  • La pizca de sal es muy importante aunque parezca un detalle menor. No deja la granola salada, sino que equilibra el dulzor de la miel y realza el sabor de los frutos secos. Sin sal, muchas veces la granola queda más plana, aunque tenga buenos ingredientes.
  • Para una versión más económica, podés combinar avena con maní, semillas de girasol y un poco de coco rallado. No hace falta usar almendras o nueces en gran cantidad si querés abaratar la receta. Lo bueno de la granola casera es que se puede adaptar a lo que haya disponible sin perder sabor.
  • Si te gusta más dulce, podés sumar una o dos cucharadas extra de miel o azúcar mascabo, pero conviene no exagerar. Cuando la granola se enfría, el sabor dulce se concentra un poco más. Además, si después la vas a comer con yogur, leche, frutas o dulce, no hace falta que quede tan azucarada desde el principio.
  • Para guardarla bien, esperá a que esté completamente fría antes de pasarla al frasco. Si la guardás tibia, el vapor genera humedad dentro del recipiente y puede ablandarla. Usá un frasco limpio, seco y con tapa hermética. Bien conservada, suele durar entre 2 y 3 semanas en un lugar fresco y seco.
  • Si después de unos días pierde un poco de crocancia, podés recuperarla llevándola unos minutos a horno bajo sobre una placa. Después dejala enfriar otra vez antes de guardarla. Esto ayuda a quitar humedad y devolverle textura.
  • La granola casera sirve para mucho más que acompañar yogur. Podés usarla sobre ensaladas de frutas, helados, compotas, licuados espesos, postres en vaso, panqueques o incluso como topping para budines y tortas. También es una buena opción para tener algo listo para desayunos o meriendas sin depender de productos industriales.

Una vez fría y guardada en frasco, queda lista para usar durante varios días.

Lo mejor es que podés cambiar frutos secos, semillas y frutas deshidratadas cada vez que la prepares, logrando una granola distinta sin modificar demasiado la base.

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