La combinación del kiwi con la dulzura tropical del mango da como resultado una mermelada vibrante, fresca y diferente a las clásicas.
Es ideal para untar en tostadas, rellenar tortas o acompañar quesos, y lo mejor es que se prepara en pocos pasos.

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Ingredientes
- 450 g de mango pelado y cortado en cubos
- 450 g de kiwi pelado y cortado en cubos
- 450 g de azúcar para mermeladas (tipo 2:1)
- 15 g de jengibre fresco rallado (opcional)
Preparación
- Colocar en una olla grande los cubos de mango y kiwi. Cocinar a fuego medio, revolviendo para que la fruta vaya largando su jugo y no se pegue.
- Cuando la mezcla comience a hervir, continuar la cocción unos minutos hasta que la fruta esté bien tierna.
- Retirar del fuego y procesar con una minipimer o licuadora de mano hasta obtener una textura homogénea. Si preferís una mermelada con trozos, podés licuar solo parcialmente.
- Incorporar el azúcar para mermeladas y, si se desea, el jengibre rallado. Mezclar bien.
- Volver la olla al fuego y cocinar a hervor suave durante 4 a 5 minutos, sin dejar de revolver para evitar que se pegue.
- Comprobar el punto colocando una pequeña cantidad sobre un plato frío: si se gelifica al enfriar, está lista.
- Llenar frascos de vidrio previamente esterilizados con la mermelada caliente, cerrar bien y dar vuelta los frascos durante 5 minutos para sellar al vacío.
- Dejar enfriar a temperatura ambiente y guardar en lugar fresco y oscuro.
Consejos:
- Para esterilizar los frascos, hervirlos junto con las tapas durante 10 minutos y dejarlos secar boca abajo sobre un paño limpio. Este paso es clave para que la mermelada se conserve por más tiempo.
- Si no conseguís azúcar para mermeladas (2:1), podés usar azúcar común, pero la proporción cambia: necesitarás una cantidad igual de azúcar que de fruta y cocinar durante más tiempo para lograr el punto.
- El jengibre es opcional, pero aporta un toque picante y fresco que combina muy bien con el dulzor del mango y la acidez del kiwi. Si no te gusta, simplemente omitilo.
- Usar frutas bien maduras asegura más sabor y un dulzor natural que permite reducir la cantidad de azúcar.
- Si preferís una textura más firme, podés prolongar la cocción unos minutos más, pero cuidando de no caramelizar el azúcar para que no cambie el sabor.
- Esta mermelada es excelente para acompañar panes caseros, medialunas, tostadas o galletitas. También va muy bien como relleno de tartas, piononos y tortas.
- Un maridaje delicioso es servirla con quesos suaves como el queso crema, la ricotta o incluso un queso brie, ya que la combinación de lo dulce y lo salado resulta muy agradable.
- Para un toque distinto, podés agregar unas hojas de menta picadas finamente al final de la cocción; aportará un aroma fresco y diferente.
- Guardada en frascos cerrados y esterilizados, esta mermelada puede durar hasta un año en la despensa. Una vez abierto el frasco, conservar en heladera y consumir en un plazo de 3 a 4 semanas.
- Si querés hacer un regalo casero, podés presentar los frascos decorados con una tela de colores en la tapa y una etiqueta escrita a mano; es un detalle artesanal que siempre gusta.
Su color atractivo, su aroma frutal y su sabor equilibrado hacen que esta mermelada se convierta en una favorita para disfrutar en cualquier momento del día.
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