Esta torta queda bien alta, húmeda y con una miga súper esponjosa, de esas que se desarman suave al morder.
El yogur ayuda a que no se seque y el coco aporta sabor y perfume sin volverla pesada.

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Arriba lleva una cobertura cremosa con coco que cae por los bordes y se termina con más coco para darle esa pinta irresistible.
Ingredientes
Para la torta
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3 huevos
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200 g de azúcar
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1 yogur natural firme (190–200 g)
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120 ml de aceite neutro (girasol o maíz)
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1 cdita de esencia de vainilla
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240 g de harina 0000
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12 g de polvo de hornear (1 cda colmada)
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1 pizca de sal
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80 g de coco rallado
Para la cobertura cremosa de coco
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1 lata de leche condensada (395 g)
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120 ml de crema de leche
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40 g de coco rallado
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1 pizca de sal
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1 cdita de vainilla (opcional)
Para terminar
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40–60 g de coco en hebras o chips de coco (o más coco rallado si no conseguís)
Preparación
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Prendé el horno a 170 °C. Enmantecá y enhariná un molde redondo alto de 18 a 20 cm (si usás 22 cm te queda más baja).
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Si vas a usar coco en hebras o chips, tostalo 1 a 3 minutos en una sartén seca a fuego bajo, moviendo seguido, hasta que quede apenas doradito. Retirá y dejá enfriar.
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Batí los huevos con el azúcar durante 3 a 4 minutos, hasta que la mezcla se vea más clara y con más cuerpo.
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Agregá el yogur, el aceite y la vainilla, y mezclá solo hasta integrar.
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Tamizá la harina con el polvo de hornear y la sal. Incorporá en 2 tandas, mezclando con movimientos envolventes o a velocidad baja, sin batir de más.
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Sumá el coco rallado y mezclá lo justo para repartirlo parejo.
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Volcá la mezcla en el molde, emparejá la superficie y dale unos golpecitos suaves al molde para acomodar la masa.
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Horneá entre 40 y 55 minutos, según tu horno y el tamaño del molde, hasta que al pinchar el centro salga seco o con migas húmedas pero sin masa cruda.
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Dejá reposar 10 minutos, desmoldá y enfriá por completo sobre rejilla.
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Para la cobertura, poné en una ollita la leche condensada, la crema, el coco rallado y la pizca de sal. Cociná a fuego bajo 2 a 4 minutos, revolviendo siempre, hasta que se vea un poco más espesa pero todavía bien fluida.
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Apagá el fuego, agregá la vainilla si querés y dejá entibiar 5 a 8 minutos para que tome cuerpo sin endurecerse.
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Con la torta ya fría, volcá la cobertura en el centro y empujala suavemente hacia los bordes con una cuchara para que caiga en “chorreadas” naturales.
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Terminá con el coco tostado por arriba (o coco rallado) y dejá reposar 20 a 30 minutos para que se asiente antes de cortar.
Tips y consejos:
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Si querés que quede bien alta como en la foto, el molde chico y alto hace toda la diferencia.
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No mezcles de más después de agregar la harina: eso mantiene la miga aireada y tierna.
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La cobertura tiene que estar tibia, no caliente: si la ponés muy caliente se vuelve demasiado líquida y se escurre de golpe.
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Si al entibiar la cobertura la notás muy espesa, aflojala con 1 a 2 cucharadas de crema o leche y mezclá hasta que vuelva a caer suave.
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El toque de sal en la cobertura no se nota, pero realza un montón el sabor del coco.
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Para una textura más delicada, dejá la torta reposar (ya fría) en un recipiente cerrado un par de horas antes de cubrirla.
Queda espectacular para acompañar mate, café o té, porque es liviana pero bien sabrosa.
Guardala tapada y, si te sobra, al día siguiente sigue igual de húmeda y rica.
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