Si te gustan las galletas caseras, esta receta es ideal: suaves, tiernas y con un delicado sabor gracias al queso cottage.
Son perfectas para acompañar un café o té, y lo mejor es que se preparan con ingredientes sencillos que seguramente ya tenés en casa.

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Ingredientes
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1 huevo
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100 g de azúcar
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1 pizca de sal
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1 cucharadita de azúcar de vainilla
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250 g de queso cottage
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80 g de manteca derretida
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1 cucharadita de polvo de hornear
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260–280 g de harina de trigo
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Azúcar extra para espolvorear
Preparación
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En un bol grande, batir el huevo con el azúcar, la sal y el azúcar de vainilla hasta obtener una mezcla homogénea.
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Incorporar el queso cottage y la manteca derretida, mezclando bien para que se integren todos los ingredientes.
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Agregar el polvo de hornear y remover nuevamente.
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Incorporar la harina de a poco, mezclando con una cuchara o espátula hasta formar una masa suave y manejable.
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Cubrir la masa con film y llevar a la heladera durante 30–40 minutos para que tome firmeza.
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Enharinar la mesada y estirar la masa con rodillo hasta un grosor aproximado de 1 cm.
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Cortar las galletas con un molde redondo o la forma que prefieras.
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Colocar las galletas en una bandeja para horno cubierta con papel manteca y espolvorear con azúcar por encima.
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Hornear en horno precalentado a 180 °C durante 18–20 minutos o hasta que estén doradas.
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Dejar enfriar sobre una rejilla y disfrutar.
Consejos:
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Para un sabor más intenso, podés agregar ralladura de limón o naranja a la masa.
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Si no tenés queso cottage, podés reemplazarlo por ricota bien escurrida.
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Evitá agregar demasiada harina, ya que esto puede hacer que las galletas queden duras. La masa debe ser suave, pero no pegajosa.
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Si querés un acabado brillante, pincelá las galletas con huevo batido antes de espolvorear el azúcar.
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Se pueden guardar en un frasco hermético hasta 5 días, manteniendo su textura suave.
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Si preferís un toque crocante, espolvoreá azúcar gruesa antes de hornear.
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Estas galletas también se pueden congelar crudas: formá los discos, separalos con papel manteca y guardalos en el freezer. Cuando quieras hornearlos, lleválos directo al horno precalentado.
Una receta simple, pero con un resultado que enamora.
Perfectas para meriendas, desayunos o para acompañar un momento de charla con algo dulce.
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