Las tortas fritas forman parte de esas recetas que no necesitan presentación. Son simples, económicas y están cargadas de recuerdos.
Pero aunque parezcan fáciles, hay pequeños detalles en la preparación que marcan una diferencia enorme entre unas tortas fritas comunes y esas que quedan livianas, infladas justo lo necesario y con un sabor inolvidable.

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Ingredientes
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500 g de harina común
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1 cucharadita de sal
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50 g de grasa vacuna o manteca
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250 ml de agua tibia
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Aceite o grasa para freír
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Azúcar para espolvorear
Preparación
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Colocá la harina en un bowl amplio y mezclala con la sal para que se distribuya de manera uniforme.
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Agregá la grasa a temperatura ambiente y comenzá a integrarla con los dedos hasta lograr una textura arenosa. Este paso es importante para que la masa quede liviana y no pesada.
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Incorporá el agua tibia de a poco, mezclando hasta formar una masa suave. No debe quedar dura ni pegajosa; si hace falta, ajustá con una cucharada más de agua.
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Pasá la masa a la mesada y amasá durante unos minutos hasta obtener un bollo liso. Tapalo con un repasador y dejalo descansar 15 minutos para que la harina se hidrate bien.
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Dividí la masa en bollitos parejos y estiralos en forma de discos finos, sin aplastar demasiado los bordes.
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Acá aparece el verdadero secreto que usaban muchas abuelas y casi nadie menciona: antes de freírlas, pincelá apenas cada disco con una capa finísima de grasa derretida y doblalos suavemente sobre sí mismos, sin apretar. Luego volvé a estirarlos con cuidado. Este paso crea pequeñas capas internas que, al freírse, generan una textura más aireada por dentro y una superficie crocante, sin quedar aceitosas.
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Una vez estiradas nuevamente, haceles un pequeño agujero en el centro para evitar que se inflen de más.
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Calentá aceite o grasa en una sartén profunda a fuego medio. La temperatura es clave: deben burbujear apenas al entrar, no dorarse de golpe.
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Freí las tortas fritas de a pocas por vez, dándolas vuelta hasta que estén bien doradas y parejas. Retiralas y dejalas escurrir sobre papel absorbente.
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Espolvorealas con azúcar mientras todavía están calientes para que se adhiera mejor.
Tips y consejos:
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El pincelado con grasa y el reestirado es lo que marca la diferencia en la textura final.
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La masa no debe trabajarse en exceso después del descanso.
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Usar grasa en lugar de aceite aporta un sabor más tradicional.
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Si querés un dorado parejo, mantené siempre la misma temperatura del aceite.
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No apiles las tortas fritas calientes, así conservan su crocancia.
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Se disfrutan mejor recién hechas, tibias.
Estas tortas fritas no solo salen riquísimas, sino que esconden ese detalle en la preparación que transforma una receta simple en algo especial.
Doradas, livianas y con sabor a cocina de antes, son de esas cosas que siguen funcionando generación tras generación.
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