Esta tarta con frutas es de esas recetas clásicas que nunca pasan de moda.
Combina una base crocante y delicada, una crema suave y bien aromatizada, y frutas frescas que aportan color y frescura.

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Es ideal para celebraciones, cumpleaños o simplemente para disfrutar una tarde especial con algo bien casero y hecho con cariño.
Ingredientes
Para la base (masa sablée)
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250 g de harina común
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125 g de manteca sin sal bien fría, en cubos
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80 g de azúcar impalpable
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1 huevo
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1 pizca de sal
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1 cucharadita de esencia de vainilla
Para la crema pastelera
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500 ml de leche entera
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4 yemas
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120 g de azúcar
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40 g de maicena
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30 g de manteca fría en cubos
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1 cucharadita de esencia de vainilla
Para el chantilly
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200 ml de crema para batir bien fría
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40 g de azúcar impalpable
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1 cucharadita de esencia de vainilla
Para la decoración
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4 frutillas grandes
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2 kiwis medianos
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6 mitades de durazno en almíbar bien escurridas
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4 moras grandes
Para el brillo (opcional)
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3 cucharadas de mermelada de durazno o damasco
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2 cucharadas de agua caliente
Preparación
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En un bol colocá la harina tamizada con la pizca de sal. Agregá la manteca fría en cubos y trabajá con las yemas de los dedos hasta obtener una textura arenosa.
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Sumá el azúcar impalpable y mezclá. Incorporá el huevo y la vainilla, uniendo todo rápidamente hasta formar una masa suave. No amases de más.
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Formá un disco, envolvelo en film y llevalo a la heladera durante 30 minutos.
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Estirá la masa a unos 3 mm de espesor y forrá un molde de tarta de 22 cm previamente enmantecado. Llevá nuevamente a frío por 30 minutos para evitar que se encoja.
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Pinchá la base con un tenedor, cubrí con papel manteca y colocá peso (porotos o garbanzos secos). Horneá a 180 °C durante 15 minutos. Retirá el peso y el papel y horneá 10 minutos más hasta que esté apenas dorada. Dejá enfriar por completo.
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Para la crema pastelera, calentá la leche hasta que esté bien caliente sin hervir. En un bol, batí las yemas con el azúcar hasta que se vean más claras. Agregá la maicena y mezclá bien.
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Volcá la leche caliente de a poco sobre las yemas, mezclando constantemente. Llevá todo a la olla y cociná a fuego medio, sin dejar de revolver, hasta que espese.
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Retirá del fuego, agregá la manteca y la vainilla, mezclá hasta integrar. Cubrí con film en contacto y dejá enfriar; luego llevá a la heladera.
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Para el chantilly, batí la crema bien fría. Cuando empiece a tomar cuerpo, agregá el azúcar impalpable y la vainilla. Batí hasta lograr picos firmes.
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Armá la tarta colocando la base ya fría en una fuente. Rellená con la crema pastelera y alisá. Decorá el borde con el chantilly usando manga con boquilla rizada.
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Distribuí las frutas por encima de forma armoniosa. Si querés dar brillo, calentá la mermelada con el agua, colá y pincelá suavemente las frutas.
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Llevá a la heladera al menos 30 minutos antes de servir para que tome buena consistencia.
Tips y consejos:
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La manteca siempre bien fría es clave para una masa sablée crocante.
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No amases de más la base para que no quede dura.
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La crema pastelera debe enfriarse bien antes de usar para que mantenga la forma.
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Podés variar las frutas según la estación sin problema.
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El brillo es opcional, pero le da un acabado de pastelería y protege las frutas.
Esta tarta con frutas es un verdadero clásico de cocina casera, de esos que se heredan y se repiten una y otra vez.
Fresca, elegante y deliciosa, es una receta que siempre queda bien y nunca falla.
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