Un buen chocolate caliente tiene que ser intenso, suave y con una textura bien envolvente.
Esta versión queda con cuerpo, brillante y perfecta para servir en taza durante los días frescos.

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Se prepara con ingredientes simples y el resultado es una bebida casera, dulce y reconfortante, ideal para tomar despacio.
Ingredientes
- 500 ml de leche
- 2 cucharadas de cacao amargo
- 2 cucharadas de azúcar
- 1 cucharada colmada de fécula de maíz
- 50 g de chocolate semiamargo picado
- 1 cucharadita de esencia de vainilla
- 1 pizca de sal
- Canela en polvo, opcional
- Chocolate rallado para servir, opcional
Preparación
- Separá media taza de leche fría y colocala en un bowl chico o en una taza. Agregá la fécula de maíz y mezclá muy bien hasta que se disuelva por completo. Tiene que quedar una preparación lisa, sin grumos ni partes secas en el fondo.
- En una ollita colocá el resto de la leche junto con el cacao amargo, el azúcar y una pizca de sal. Mezclá con batidor de mano o cuchara hasta integrar. Llevá a fuego bajo y revolvé para que el cacao se disuelva bien.
- Cuando la leche esté caliente, agregá el chocolate picado. Mezclá despacio hasta que se derrita por completo y la preparación tome un color más intenso. Este paso ayuda a que el chocolate quede más sabroso, con mejor aroma y una textura más sedosa.
- Sumá la leche fría con la fécula ya disuelta, agregándola de a poco mientras revolvés sin parar. Es importante mantener el fuego bajo para que la mezcla tome cuerpo de manera pareja y no se pegue en la base de la olla.
- Cociná durante unos minutos, siempre revolviendo, hasta que el chocolate se vuelva más cremoso y brillante. Vas a notar que cambia la textura y empieza a quedar más untuoso. No hace falta que hierva fuerte; con un hervor suave alcanza.
- Apagá el fuego y agregá la esencia de vainilla. Mezclá una última vez y probá el dulzor. Si lo querés más dulce, podés sumar un poquito más de azúcar mientras todavía está caliente.
- Serví enseguida en tazas. Podés terminar con chocolate rallado, una pizca de canela o simplemente dejarlo así, bien cremoso y humeante.
Tips y consejos:
- Usá cacao amargo si querés un sabor más profundo y menos empalagoso. Si usás cacao dulce, bajá la cantidad de azúcar para equilibrar.
- La fécula siempre se disuelve en leche fría antes de incorporarla. Así la preparación queda lisa y no aparecen grumos.
- El chocolate picado mejora mucho el resultado final. No hace falta usar una gran cantidad, pero suma brillo, aroma y una textura más rica.
- Revolvé constantemente cuando la preparación empieza a tomar cuerpo. En ese momento puede pegarse con facilidad si el fuego está muy fuerte.
- Para una textura más liviana, agregá un chorrito de leche caliente antes de servir y mezclá bien.
- Para una versión más intensa, sumá una cucharadita extra de cacao o usá chocolate con mayor porcentaje de cacao.
- Si querés aromatizarlo, podés calentar la leche con una ramita de canela y retirarla antes de agregar la fécula disuelta.
- Servilo apenas hecho, porque al enfriarse se vuelve más denso. Si sobra, se puede recalentar a fuego bajo con un poquito de leche.
Este chocolate caliente cremoso queda suave, intenso y con una textura perfecta para disfrutar en taza.
Es una receta simple, casera y muy reconfortante, ideal para acompañar una tarde fría con algo dulce y bien hecho.
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