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Cómo guardar el queso cremoso en la heladera para que no se formen hongos y su sabor dure más tiempo

¿Alguna vez te pasó que compraste queso cremoso, lo guardaste bien cerrado y aun así aparecieron hongos? No es casualidad.

El mal almacenamiento puede arruinar hasta el mejor queso.

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Por suerte, existen formas simples de conservarlo por más tiempo sin que pierda sabor ni calidad.

Cómo evitar que el queso se llene de hongos en la heladera

Uno de los errores más comunes es guardar el queso en film o en envases herméticos.

Si bien parece una buena idea, en realidad esto impide que el queso respire y favorece la acumulación de humedad, lo que genera un ambiente ideal para que se forme moho.

La mejor opción es envolverlo en papel especial para quesos, que está hecho con cera de abejas y tiene una textura porosa.

Este material permite que el queso mantenga su humedad natural sin acumular agua en exceso, lo que frena la aparición de hongos. Este papel funciona especialmente bien en quesos blandos o semiblandos como el cremoso, el dambo o el brie.

Si no conseguís ese papel, podés usar papel manteca o papel para horno como alternativa.

En ese caso, conviene reforzar el envoltorio con un repasador seco y limpio, o guardarlo en un recipiente de tapa floja para evitar que el aire se estanque.

Cuál es la temperatura ideal para conservar el queso

La temperatura ideal para conservar el queso en la heladera es entre 2°C y 4°C.

Por eso, se recomienda ubicarlo en el cajón de las verduras, que suele tener una temperatura más estable y mayor humedad relativa, lo que favorece la conservación sin resecarlo.

Evitá colocarlo en los estantes superiores o contra el fondo, ya que son zonas más frías y secas que pueden afectar la textura.

Consejos:

  • No guardes el queso cerca del freezer ni lo congeles, ya que cambia su textura y sabor.

  • Evitá tocarlo con las manos húmedas, ya que podés transferir bacterias sin darte cuenta.

  • Nunca lo dejes en la bolsa plástica con la que viene del súper: reemplazala al llegar a casa.

  • Si ves moho en quesos duros, podés cortarlo; en los blandos, es mejor desecharlos.

  • Marcá la fecha de apertura para controlar mejor cuánto tiempo lleva almacenado.

  • Cada tipo de queso tiene su forma ideal de conservación: investigá un poco según el que compres.

Con estos trucos simples, vas a extender la vida útil de tu queso y evitar desperdicios innecesarios.

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