Flan de almendras con caramelo tostado y crocante casero
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Flan de almendras con caramelo tostado y crocante casero

Este flan de almendras tiene la suavidad clásica del flan casero, pero con un sabor más elegante y perfumado.

El toque especial está en el caramelo tostado y el crocante de almendras, que le suma textura sin complicar la receta.

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Queda cremoso, delicado y con una presentación distinta, ideal para servir bien frío.

Ingredientes

Para el flan:

  • 500 ml de leche
  • 200 ml de crema de leche
  • 5 huevos
  • 120 g de azúcar
  • 80 g de almendras molidas o harina de almendras
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla
  • 1 cucharadita de esencia de almendras, opcional
  • 1 pizca de sal

Para el caramelo:

  • 180 g de azúcar
  • 4 cucharadas de agua

Para el crocante de almendras:

  • 80 g de almendras fileteadas
  • 80 g de azúcar
  • 1 cucharada de agua
  • 1 cucharadita de manteca

Preparación

  1. Colocá el azúcar del caramelo en una sartén o cacerolita junto con el agua. Llevá a fuego medio sin revolver, moviendo apenas el recipiente cuando empiece a tomar color. Cociná hasta lograr un caramelo dorado intenso, pero sin dejar que se queme.
  2. Volcá el caramelo en una flanera o molde mediano y giralo con cuidado para cubrir bien la base. Dejalo reposar mientras preparás la mezcla del flan. El caramelo se va a endurecer, pero después se vuelve líquido durante la cocción.
  3. En una cacerola, calentá la leche con la crema de leche hasta que esté tibia. No hace falta que hierva. Agregá las almendras molidas y mezclá bien para que empiecen a hidratarse. Dejá reposar 10 minutos para que la preparación tome más sabor.
  4. En un bowl aparte, mezclá los huevos con el azúcar, la vainilla, la esencia de almendras si vas a usarla y una pizca de sal. No batas demasiado; solo integrá hasta romper bien los huevos. Si incorporás mucho aire, el flan puede quedar con demasiados agujeritos.
  5. Sumá la leche tibia con almendras a la mezcla de huevos, de a poco y revolviendo constantemente. Este paso ayuda a integrar todo sin cocinar los huevos de golpe. La mezcla debe quedar pareja, cremosa y ligeramente perfumada.
  6. Pasá la preparación por un colador fino antes de volcarla en el molde acaramelado. Esto ayuda a retirar cualquier grumo y deja una textura más suave. Si querés un flan con más presencia de almendra, podés no colarlo del todo, pero para un resultado más delicado conviene hacerlo.
  7. Colocá el molde dentro de una fuente más grande con agua caliente para cocinarlo a baño María. Cubrí la parte superior con papel aluminio, sin apretar demasiado.
  8. Llevá a horno precalentado a 160 grados durante 50 a 60 minutos. El flan está listo cuando los bordes se ven firmes y el centro todavía tiembla apenas. No conviene pasarlo de cocción, porque puede perder cremosidad.
  9. Retirá del horno, dejalo enfriar a temperatura ambiente y después llevá a la heladera por al menos 6 horas. Lo ideal es dejarlo de un día para el otro para que tome cuerpo y se desmolde mejor.
  10. Para el crocante, colocá el azúcar con el agua en una sartén y cociná hasta que empiece a formarse un caramelo claro. Agregá las almendras fileteadas y mezclá rápido para cubrirlas bien. Sumá la manteca, integrá y volcá sobre papel manteca.
  11. Cuando el crocante esté frío, partilo en pedazos irregulares. No hace falta que quede perfecto: justamente ese aspecto rústico le da una presentación más linda y artesanal.
  12. Para desmoldar el flan, pasá un cuchillo fino por los bordes y apoyá el molde unos segundos sobre agua caliente. Colocá un plato encima, girá con cuidado y dejá que caiga con todo el caramelo.
  13. Terminá con almendras fileteadas tostadas alrededor y algunos pedazos de crocante casero. Servilo bien frío, con el caramelo cayendo sobre los bordes.

Tips y consejos:

  • La harina de almendras le da un sabor suave y elegante, pero si querés una textura más rústica podés usar almendras procesadas en casa.
  • No batas la mezcla como si fuera bizcochuelo. El flan necesita una preparación tranquila, sin exceso de aire, para quedar más cremoso.
  • La esencia de almendras es opcional. Usá poca cantidad porque es intensa y puede dominar el sabor si te excedés.
  • El baño María no debe hervir con fuerza. Si el agua burbujea demasiado, el flan puede cocinarse de golpe y quedar menos sedoso.
  • Para un caramelo más profundo, dejalo tomar un color ámbar intenso. Si queda muy claro, tendrá menos sabor; si se pasa, puede amargar.
  • El crocante conviene colocarlo al momento de servir, así mantiene su textura firme y no se humedece con el caramelo.
  • Si querés una versión más especial, podés sumar unas gotas de licor de almendras a la mezcla, pero sin exagerar para que siga siendo un postre suave.
  • El reposo en heladera es clave. Aunque parezca listo al salir del horno, necesita frío para asentarse y lograr un corte prolijo.

Este flan de almendras queda cremoso, aromático y con un detalle crocante que lo hace diferente sin volverlo difícil.

El caramelo tostado y las almendras le dan una terminación más elegante, perfecta para transformar un postre clásico en algo mucho más especial.

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