Estas galletas son la prueba de que lo simple puede ser delicioso.
Con solo tres ingredientes, obtenés una masa suave y manejable que se hornea en pocos minutos, logrando un bocado tierno y delicado que se derrite en la boca.

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Perfectas para acompañar el mate, un café o como dulce rápido para la familia.
Ingredientes
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1 lata de leche condensada (395 g)
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200 g de margarina o manteca
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500 g de maicena (aproximadamente)
Preparación
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Precalentar el horno a 180 °C y preparar una o dos placas para horno, cubriéndolas con papel manteca o engrasándolas levemente para evitar que las galletas se peguen.
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En un bol amplio, colocar la leche condensada junto con la margarina o manteca a temperatura ambiente. Con la ayuda de una cuchara de madera o batidor de mano, mezclar hasta que ambos ingredientes se integren por completo, logrando una crema suave y homogénea.
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Incorporar la maicena de a poco, en varias tandas, mezclando bien después de cada adición. Al principio, se puede trabajar con una cuchara, pero a medida que la mezcla espese, será más fácil amasar con las manos limpias.
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Continuar agregando maicena hasta que la masa tenga una textura suave, lisa y no se adhiera a las manos. Si es necesario, ajustar la cantidad final de maicena para lograr el punto justo.
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Tomar pequeñas porciones de masa, formar bolitas y colocarlas en la placa dejando un pequeño espacio entre ellas, ya que apenas crecen en el horneado.
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Con un tenedor, presionar suavemente cada bolita para aplanarla y darle el clásico diseño de líneas cruzadas en la superficie.
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Llevar al horno precalentado y hornear entre 15 y 20 minutos, controlando que mantengan su color claro; no es necesario que se doren para estar listas.
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Retirar del horno y dejar enfriar completamente sobre una rejilla antes de manipularlas, ya que al salir estarán muy blandas y se endurecerán al enfriarse.
Consejos:
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Para un toque de sabor extra, podés agregar ralladura de limón o naranja a la masa.
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Si querés darles un aire más festivo, sumergí la mitad de cada galleta ya fría en chocolate derretido y dejalas secar sobre papel manteca.
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Guardalas en un frasco o lata hermética para que mantengan su textura tierna durante varios días.
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Podés reemplazar parte de la maicena por almidón de mandioca para lograr una textura aún más suave.
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Si usás manteca en lugar de margarina, el sabor será más intenso y la textura un poco más quebradiza.
Con esta receta, en apenas media hora tendrás unas galletas caseras, fáciles y rendidoras que gustan a todos y se adaptan a cualquier ocasión.
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