El jabón de sábila es una excelente opción para quienes buscan una alternativa natural a los jabones comerciales.
Con ingredientes sencillos, podés preparar un producto suave, refrescante y cargado de propiedades regenerativas para tu piel.

Te recomendamos: Mezcla romero y aloe, después de solo 2 minutos me lo agradecerás
Ideal para uso diario, este jabón es especialmente beneficioso para pieles sensibles, secas o con tendencia a irritarse.
Ingredientes
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500 g de base de glicerina (transparente o blanca)
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1 hoja de aloe vera (sábila)
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1 ramita de romero fresco
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150 ml de agua filtrada o mineral
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2 cucharadas de aceite de almendras dulces
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2 cucharadas de jugo de limón
Preparación
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Lavá bien la hoja de sábila y cortá los bordes laterales espinosos. Abrila al medio y extraé el gel con ayuda de una cuchara.
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Colocá el gel en una licuadora junto con el romero fresco y el agua. Licuá hasta que se forme una mezcla bien líquida y uniforme. Reservá.
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Derretí la base de glicerina a baño maría, revolviendo despacio para evitar que se formen burbujas de aire.
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Cuando la glicerina esté completamente líquida, retirala del fuego y agregá la mezcla licuada de aloe con romero. Mezclá con movimientos suaves hasta integrar.
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Incorporá el aceite de almendras y el jugo de limón. Continuá revolviendo unos minutos para que todos los ingredientes se unan bien.
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Verté la mezcla en moldes de silicona y dejá enfriar a temperatura ambiente durante unas 4 a 6 horas, hasta que el jabón esté completamente sólido.
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Una vez que estén firmes, desmoldalos con cuidado y dejalos secar al aire libre sobre una rejilla durante 24 horas antes de usarlos.
Consejos:
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Usá aloe fresco: el gel recién extraído conserva todas sus propiedades y le da al jabón una textura más cremosa.
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No sobrecalientes la glicerina: si la llevás a punto de ebullición puede perder calidad o generar grumos. Siempre a fuego bajo y con paciencia.
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Romero fresco vs seco: podés usar romero seco si no tenés fresco, pero filtrá bien la mezcla para que no queden restos en el jabón.
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Jugo de limón con moderación: no te excedas con esta cantidad, ya que su acidez puede irritar si usás demasiado.
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Aceite de almendras dulces: este ingrediente aporta nutrición e hidratación, ideal para quienes tienen la piel reseca.
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Personalizá tu jabón: si querés hacerlo aún más especial, podés agregar unas gotas de aceite esencial de lavanda, menta o eucalipto.
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Conservación: envolvé cada jabón en papel encerado o manteca y guardalos en una caja de cartón. Evitá la humedad y el calor excesivo.
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Regalos o emprendimiento: estos jabones quedan muy bien presentados con un envoltorio artesanal. Son perfectos para regalar o incluso para vender en ferias.
Preparar tu propio jabón no solo es una actividad sencilla y económica, sino también una forma de conectar con lo natural y evitar el uso de químicos innecesarios.
Una vez que lo pruebes, no vas a querer volver al jabón comercial.
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