Cremoso, fresco y bien rendidor, este postre es ideal para armar en copas o en una fuente grande y llevar directo a la heladera.
La combinación de mandarinas, crema y mascarpone da un resultado suave y goloso, perfecto para resolver un dulce en tiempo récord.

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Ingredientes
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250 g de galletitas con baño de chocolate
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1 lata de gajos de mandarina en almíbar (bien escurridos)
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250 g de crema de leche
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120 g de azúcar
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1 sobre de azúcar vainillado o 1 cucharadita de esencia de vainilla
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300 g de queso mascarpone
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300 g de queso blanco descremado (tipo untable)
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1 taza de mini malvaviscos (aprox. 60–80 g, opcional)
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Cacao amargo en polvo para espolvorear (opcional)
Preparación
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Batir la crema de leche con el azúcar vainillado (o la esencia) hasta que esté firme. Reservar en la heladera.
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Escurrir muy bien los gajos de mandarina y reservar algunos para decorar. Secarlos con papel de cocina para que no agüen la crema.
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En un bol, mezclar el azúcar con el mascarpone y el queso blanco hasta lograr una crema lisa, sin grumos.
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Incorporar dos tercios de la crema batida a la mezcla de quesos, con movimientos envolventes para no perder aire.
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Sumar los gajos de mandarina (reservando algunos) y los mini malvaviscos. Mezclar suave para distribuirlos sin romper la fruta.
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Picar groseramente las galletitas y repartirlas en el fondo de copas o de una fuente, presionando apenas para formar la base.
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Cubrir con la mitad de la crema de mascarpone, distribuir más mandarinas y malvaviscos, y terminar con la crema restante.
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Coronar con la crema batida reservada, decorar con los gajos apartados y espolvorear cacao amargo si se desea.
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Enfriar al menos 1 hora para que asiente (el armado toma 15 minutos; el frío mejora textura y sabor).
Consejos:
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Escurrir bien la fruta es clave: cuanto menos líquido, más estable queda la crema y no se humedece la base. Si usás mandarinas frescas, pelalas en vivo para quitar la piel fina y que resulten más tiernas.
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Los mini malvaviscos aportan textura y un toque dulce. Si querés reducir el azúcar, usá la mitad o reemplazá parte por chips de coco tostado o almendras fileteadas.
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Sin mascarpone, podés usar queso crema firme; quedará un poco más ácido, pero muy rico. Para acercarlo al mascarpone, mezclá mitad queso crema y mitad crema espesa sin batir.
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¿Querés un sabor cítrico marcado? Sumá ralladura fina de naranja a la mezcla de quesos. Apenas media cucharadita eleva muchísimo el aroma.
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Para una base más húmeda, rociá las galletitas con una cucharada del almíbar de la lata, café frío o un chorrito de licor de naranja. Evitá excederte para que no se desarme.
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Si armás en copas, cargá la crema con manga para un acabado prolijo. En fuente grande, hacé remolinos con una cuchara para un efecto casero vistoso.
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Podés cambiar las mandarinas por duraznos, ananá o frutillas; siempre bien secos. Las combinaciones mixtas también funcionan muy bien.
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Para una versión más liviana, reemplazá parte del azúcar por edulcorante apto para cocción y usá queso blanco descremado firme.
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Este postre gana cuerpo con el frío: si lo hacés con anticipación (4–6 horas), toma mejor consistencia y los sabores se integran.
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Conservación: guardado tapado, dura 2 a 3 días en heladera. No es apto freezer porque los lácteos y los malvaviscos cambian de textura.
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Presentación exprés: reservá unos malvaviscos y gajos para la superficie; ese contraste blanco/naranja queda impecable en mesa.
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Rinde mucho: si lo servís en copas, calculá 6 a 8 porciones generosas. En eventos, hacelo en vasitos chicos y estirás a 10–12 porciones.
Listo: un postre rápido, suave y bien goloso, con mandarinas y malvaviscos en cada bocado, perfecto para resolver algo rico sin complicarse.
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