Este pastel de leche caliente es uno de esos bizcochos clásicos que se hacen una y otra vez porque siempre salen bien.
Queda alto, bien esponjoso y con una miga suave que se mantiene húmeda por varios días.

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Es ideal para acompañar una merienda, el desayuno o simplemente para disfrutar solo, con ese sabor simple y casero de las recetas de antes.
Ingredientes
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6 huevos
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400 g de azúcar blanca
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1 cucharada de esencia de vainilla
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480 g de harina de trigo común
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250 ml de leche caliente
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20 g de polvo de hornear
Preparación
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Colocá los huevos en un bowl grande junto con el azúcar. Batí a velocidad alta durante unos 8 a 10 minutos, hasta que la mezcla esté bien clara, espumosa y haya triplicado su volumen. Este paso es clave para lograr un pastel bien aireado.
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Agregá la esencia de vainilla y mezclá suavemente unos segundos, sin perder el aire incorporado.
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Tamizá la harina junto con el polvo de hornear. Incorporalos de a poco a la mezcla de huevos, usando espátula o batidor de mano y movimientos envolventes, con paciencia, para que la preparación no se baje.
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Calentá la leche sin que llegue a hervir. Debe estar bien caliente, pero no hirviendo.
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Agregá la leche caliente de a poco a la masa, mezclando suavemente mientras la incorporás. La mezcla va a quedar más fluida, pero es normal y necesaria para la textura final.
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Prepará los moldes: podés usar moldes rectangulares de aproximadamente 14 × 8,5 × 6 cm y algunos redondos chicos, todos bien enmantecados y enharinados o con papel manteca en la base.
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Distribuí la masa de manera pareja en los moldes, sin llenarlos del todo para que el pastel pueda crecer bien.
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Llevá a horno precalentado a 180 °C y cociná durante 25 a 30 minutos, hasta que estén dorados y al pinchar con un palillo salga limpio.
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Retirá del horno y dejá reposar unos minutos antes de desmoldar.
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Pasá los pasteles a una rejilla y dejalos enfriar completamente para que la miga termine de asentarse.
Tips y consejos:
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Batir bien los huevos con el azúcar es fundamental para que el pastel quede alto y liviano.
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La harina siempre conviene tamizarla para evitar grumos y lograr una miga más fina.
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No sobremezcles una vez que agregás la harina, para no perder aire.
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La leche debe estar caliente, pero nunca hirviendo.
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Este pastel se puede cortar en capas y rellenar si querés una versión más elaborada.
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Se conserva muy bien varios días en un recipiente cerrado.
Este pastel de leche caliente es simple, rendidor y profundamente casero.
Tiene esa textura suave y ese sabor que remiten a la cocina de la abuela, ideal para acompañar una merienda tranquila y disfrutarlo sin apuro, tal como se hacía antes.
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