Este risotto queda suave, untuoso y con mucho sabor gracias a los hongos y al queso.
Es una receta ideal para servir bien caliente, con una textura cremosa y un aroma casero muy tentador.

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La clave está en agregar el caldo de a poco y mezclar con paciencia.
Ingredientes
- 2 tazas de arroz carnaroli, arborio o doble carolina
- 300 gramos de champiñones, portobellos o mezcla de hongos frescos
- 1 cebolla chica
- 2 dientes de ajo
- 2 cucharadas de manteca
- 2 cucharadas de aceite
- 100 mililitros de vino blanco, opcional
- 1 litro de caldo caliente de verduras o pollo, aproximadamente
- 80 gramos de queso rallado
- 100 gramos de queso cremoso, mozzarella o pategrás
- Sal y pimienta a gusto
- Perejil picado, opcional
Preparación
- Limpiá los hongos con un paño húmedo o papel de cocina. No conviene mojarlos demasiado porque absorben agua y después largan mucho líquido durante la cocción. Cortalos en láminas o en trozos medianos.
- Picá la cebolla bien chiquita y hacé lo mismo con los dientes de ajo. Calentá una cacerola amplia con el aceite y una cucharada de manteca. Agregá la cebolla y cocinala a fuego medio hasta que quede transparente y suave.
- Sumá el ajo picado y mezclá unos segundos para que suelte aroma. Después incorporá los hongos y cocinalos hasta que se ablanden, pierdan parte de su líquido y empiecen a tomar un color más dorado. Condimentá con sal y pimienta.
- Agregá el arroz directamente, sin lavarlo. Mezclá durante uno o dos minutos para que los granos se impregnen con el fondo de cocción. Este paso ayuda a que el risotto tenga más sabor y mejor textura.
- Si vas a usar vino blanco, incorporalo en este momento. Revolvé y dejá que se evapore el alcohol. Tiene que quedar el aroma del vino, pero sin ese olor fuerte inicial.
- Empezá a agregar el caldo caliente de a poco, un cucharón por vez. Revolvé seguido y esperá a que el arroz absorba parte del líquido antes de sumar más caldo. Esta técnica es la que le da al risotto su textura cremosa.
- Continuá la cocción durante unos 18 a 22 minutos, siempre agregando caldo cuando haga falta. El arroz debe quedar tierno, pero no pasado, con una consistencia húmeda y cremosa.
- Cuando el arroz esté en su punto, apagá el fuego. Agregá la otra cucharada de manteca, el queso rallado y el queso cremoso cortado en cubos.
- Mezclá bien hasta que los quesos se derritan y se integren con el arroz. El resultado tiene que quedar untuoso, brillante y suave.
- Dejá reposar 2 minutos antes de servir. Terminá con perejil picado o un poco más de queso rallado por encima.
Tips y consejos:
- El caldo siempre debe estar caliente para no cortar la cocción del arroz.
- No agregues todo el líquido junto. El risotto queda cremoso porque el arroz va soltando almidón mientras se cocina lentamente.
- Si usás doble carolina, también puede quedar muy bien, aunque el carnaroli o arborio dan una textura más clásica.
- Los hongos toman mejor sabor cuando se cocinan hasta dorarse apenas. Si quedan demasiado pálidos, el resultado final puede ser menos intenso.
- El queso se agrega al final, con el fuego apagado, para que se funda sin ponerse pesado.
- Si querés un sabor más profundo, podés sumar algunos hongos secos hidratados y usar parte de esa agua, bien colada, junto con el caldo.
Servilo apenas está listo, cuando todavía conserva esa textura cremosa tan característica.
Con hongos bien dorados, queso fundido y una cocción cuidada, queda un plato simple, elegante y lleno de sabor.
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