Una masa finita, rellena de manzanas tiernas, nueces y un toque de canela, todo horneado hasta quedar dorado y crujiente.
Este strudel es una de esas recetas que parecen difíciles, pero en realidad son muy simples y siempre sorprenden.

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Ideal para compartir en una merienda especial o como postre con un toque casero.
Ingredientes
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4 manzanas verdes
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1 paquete de masa filo
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40 g de manteca
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2 cucharadas de azúcar negra
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30 g de nueces picadas
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Canela molida a gusto
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Azúcar impalpable (opcional, para decorar)
Preparación
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Pelá las manzanas y cortalas en cubos pequeños.
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En una sartén, derretí la mitad de la manteca a fuego medio.
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Agregá las manzanas y cociná durante unos minutos hasta que empiecen a ablandarse.
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Sumá el azúcar negra y una buena cantidad de canela. Mezclá bien para que se integren.
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Añadí 3 o 4 cucharadas de agua y cociná a fuego bajo durante 5 minutos más.
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Incorporá las nueces picadas, revolvé y apagá el fuego. Dejá que el relleno se entibie.
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Precalentá el horno a 200 °C.
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Derretí la manteca restante y pincelá una lámina de masa filo. Colocá otra encima y repetí hasta tener 3 o 4 capas.
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Distribuí el relleno sobre uno de los bordes largos de la masa, dejando espacio para cerrar.
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Enrollá con cuidado y cerrá los extremos para que no se escape el relleno.
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Colocá el strudel sobre una placa con papel manteca, con la parte del cierre hacia abajo.
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Pincelalo con manteca derretida y horneá durante 15 a 20 minutos, hasta que esté dorado.
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Dejá enfriar 5 minutos y espolvoreá con azúcar impalpable antes de servir.
Consejos:
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Si la masa filo se seca rápido, cubrila con un paño húmedo mientras trabajás para que no se rompa.
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Las nueces le dan crocante, pero también podés usar almendras, avellanas o incluso pasas.
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Podés sumar una cucharadita de ralladura de limón o naranja al relleno para darle un toque cítrico.
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Si querés un acabado más dorado, espolvoreá un poco de azúcar común sobre el strudel antes de hornear.
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Este postre se disfruta tibio, pero también es riquísimo al día siguiente si lo recalentás un poco en horno.
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Acompañalo con helado, crema o una infusión, y vas a tener una combinación perfecta.
Un clásico centroeuropeo adaptado al gusto casero que nunca falla. Fácil, sabroso y lleno de aroma.
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