Estos triangulitos son ideales para acompañar el mate, el café o una merienda simple pero rica.
Tienen una masa crocante, liviana y con muchas capas, de esas que se quiebran apenas las mordés.

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Aunque el hojaldre lleva tiempo, el resultado vale la pena y se nota mucho la diferencia cuando la masa es casera.
Ingredientes
Para la masa
- 500 g de harina común
- 10 g de sal
- 250 ml de agua fría
- 50 g de manteca (punto pomada)
- 300 g de manteca fría para laminar
- 1 cucharada de jugo de limón o vinagre blanco
Para terminar
- 1 huevo
- 2 cucharadas de leche
- 4 o 5 cucharadas de azúcar
- Azúcar impalpable opcional para el final
Preparación
- En un bowl grande colocá la harina junto con la sal y mezclá bien. Sumá el agua fría, la manteca derretida y el jugo de limón o vinagre. Uní todo hasta formar una masa pareja. No hace falta amasarla demasiado: apenas lo suficiente para que quede lisa.
- Formá un rectángulo, envolvelo y llevalo a la heladera durante 30 minutos. Ese descanso ayuda a que la masa se relaje y después sea mucho más fácil estirarla.
- Mientras tanto, prepará la manteca para laminar. Colocala entre dos papeles manteca o separadores y aplastala con palo de amasar hasta formar un rectángulo parejo, de más o menos un centímetro de espesor. Guardala en frío para que esté firme pero no dura como piedra.
- Estirá la masa sobre la mesada apenas enharinada hasta lograr un rectángulo más grande que el bloque de manteca. Colocá la manteca en el centro y cerrá la masa sobre ella, cubriéndola completamente como si fuera un paquete.
- Estirá con cuidado siempre en la misma dirección hasta obtener un rectángulo largo. Hacé una vuelta simple: doblá un extremo hacia el centro y luego el otro arriba, como si cerraras una carta. Llevá a la heladera por 25 o 30 minutos.
- Repetí este proceso de estirar, doblar y enfriar al menos 4 veces. Si en algún momento notás que la manteca se ablanda demasiado o la masa se pega, devolvela a la heladera antes de seguir. Este paso es el que forma las capas del hojaldre.
- Una vez hechas las vueltas, dejá descansar la masa otros 30 minutos. Luego estirala hasta que tenga unos 4 o 5 milímetros de espesor. Tratá de mantener una forma prolija para aprovecharla mejor.
- Cortá tiras largas y después dividilas en triángulos parejos. Si querés una versión más prolija, podés marcar primero rectángulos y luego cortarlos en diagonal para que todos salgan del mismo tamaño.
- Acomodá los triangulitos en una placa apenas enmantecada o con papel manteca, dejando espacio entre uno y otro. Mezclá el huevo con la leche y pincelalos por arriba sin mojar demasiado los bordes, para no impedir que suban bien las capas.
- Espolvoreá azúcar por encima. Ese detalle les da el brillo dorado y el toque apenas crocante de la superficie, que es una de las cosas más ricas de esta receta.
- Llevá a horno precalentado fuerte, entre 200 y 210 grados, durante 18 a 25 minutos, según el tamaño. Tienen que quedar bien inflados, secos y dorados. Si querés más color, los últimos minutos podés subir apenas la temperatura.
- Retiralos y dejalos enfriar sobre una rejilla para que no junten humedad en la base. Si te gusta, cuando ya estén fríos podés agregar apenas un poco de azúcar impalpable, pero no hace falta demasiado.
Tips y consejos:
- La manteca y la masa siempre tienen que mantenerse frías. Ese es el secreto principal para que el hojaldre se forme bien y no termine siendo una masa pesada.
- No agregues harina de más al estirar. Solo usá una mínima cantidad para que no se pegue, porque si no la masa puede quedar seca.
- Respetar los descansos en frío cambia completamente el resultado. Si te apurás, las capas no se definen igual.
- Cuando cortes los triángulos, usá cuchillo bien filoso o cortante. Si aplastás los bordes, el hojaldre sube menos.
- El horno tiene que estar bien caliente desde el inicio. El golpe fuerte de calor ayuda a levantar las capas rápidamente.
- Si querés darles un toque distinto, antes de hornear podés espolvorear mezcla de azúcar con un poquito de canela.
- También se pueden hacer en versión salada, quitando el azúcar de la terminación y agregando queso rallado o semillas.
- Para conservarlos crocantes, guardalos una vez fríos en un recipiente hermético. Lo ideal es comerlos el mismo día o, como mucho, al día siguiente.
- Si querés que brillen más, podés hacerles una segunda pincelada muy suave de huevo antes de entrar al horno, pero siempre sin cargar demasiado los costados.
- Esta masa también te sirve como base para hacer palmeritas, cañoncitos, volovanes o masas secas de hojaldre.
Quedan crocantes, livianos y con ese sabor casero que hace toda la diferencia.
Son de esos bocados simples que con pocos ingredientes logran una merienda muy rendidora y tentadora.
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