El jengibre es una planta tropical muy apreciada por sus propiedades medicinales y su sabor intenso, ideal para infusiones, comidas o remedios naturales.
Lo mejor es que podés cultivarlo fácilmente en una maceta, sin necesidad de tener jardín.

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Además de ofrecerte raíces frescas todo el año, su floración es espectacular: flores en espiga de tonos rojizos o anaranjados que transforman cualquier rincón en un espacio lleno de vida y color.
Qué necesitás
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Rizomas frescos de jengibre con brotes o “ojos” visibles
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Un recipiente ancho y no muy profundo (mínimo 30 cm de diámetro)
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Tierra fértil o compost orgánico
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Fibra de coco o turba
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Perlita o arena gruesa
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Agua templada
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Fertilizante orgánico o compost líquido
Paso a paso
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Preparación del rizoma: elegí trozos de jengibre firmes y con yemas visibles. Colocalos en agua templada durante 24 horas para activar la germinación. Luego, cortá el rizoma en porciones de unos 3 a 5 cm, asegurando que cada trozo tenga al menos un brote.
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Preparación del sustrato: mezclá 50 % de tierra fértil, 30 % de fibra de coco o turba y 20 % de perlita o arena gruesa. Esta combinación retiene la humedad y evita que el rizoma se pudra.
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Plantación: llená la maceta con el sustrato y colocá los trozos de jengibre con los brotes hacia arriba, apenas cubiertos de tierra. No los entierres demasiado.
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Ubicación: ubicá la maceta en un lugar cálido y con luz indirecta, como una ventana orientada al este. El jengibre prefiere temperaturas entre 20 °C y 30 °C.
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Riego: mantené la tierra húmeda, pero sin exceso de agua. Durante las primeras semanas, regá con frecuencia moderada. Cuando los brotes alcancen unos 10 cm, espaciá los riegos a cada dos o tres días.
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Cuidados: aplicá compost líquido o fertilizante orgánico cada dos o tres semanas en la etapa de crecimiento. Si el ambiente es seco, pulverizá las hojas para conservar la humedad. Retirá las hojas amarillas o dañadas para prevenir hongos.
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Floración: después de unos 8 a 10 meses, el jengibre puede florecer si está en buenas condiciones. Sus flores rojas y naranjas son un espectáculo visual, además de desprender un aroma suave.
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Cosecha: cuando los tallos comiencen a secarse, desenterrá con cuidado parte del rizoma. Cortá solo lo necesario y cubrí el resto con tierra para que la planta siga creciendo.
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Reproducción: podés replantar trozos del rizoma con brotes para tener nuevas plantas. Cada una puede producir entre 500 y 800 gramos de raíz fresca al año.
Tips y consejos:
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Evitá usar jengibre tratado con conservantes, ya que eso impide que brote.
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Si el clima es frío, colocá la maceta dentro de casa durante el invierno.
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Pulverizar las hojas ayuda a mantener un ambiente húmedo, similar al tropical.
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Usá una maceta ancha, ya que el jengibre crece horizontalmente.
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Si querés estimular la floración, asegurate de que reciba luz indirecta constante y buena ventilación.
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Cosechá de forma parcial para mantener la planta activa todo el año.
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Agregar una capa de mantillo orgánico ayuda a conservar la humedad del sustrato.
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No trasplantes con frecuencia: el jengibre prefiere permanecer en el mismo lugar.
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Evitá el exceso de fertilizante, ya que puede afectar la floración.
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Si querés usarlo como planta ornamental, podés combinarlo con especies tropicales en la misma maceta.
Cultivar jengibre en casa es una experiencia gratificante: te brinda raíces frescas, una planta duradera y flores exóticas que llenan de color tu hogar.
Con unos pocos cuidados, tendrás una reserva constante de esta raíz tan versátil y beneficiosa.
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