Una crema untuosa, sin conservantes ni azúcares agregados, perfecta para desayunos, meriendas y snacks.
Hacerla en casa es sencillo y te permite ajustar textura y sabor a tu gusto.

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Con un buen procesador y maní de calidad, en minutos tenés un frasco listo para disfrutar.
Ingredientes
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300 g de maní tostado, sin sal y sin cáscara
Opcionales (a gusto):
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1 pizca de sal fina
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1 cucharada de aceite neutro (girasol o maíz)
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1 cucharadita de miel o azúcar mascabo
Preparación
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Si tu maní no viene tostado, distribuí los granos pelados en una bandeja y llevá al horno precalentado a 180 °C por 8‑10 minutos, hasta que estén apenas dorados y fragantes. Retirá y dejá enfriar para que no recaliente el equipo.
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Colocá el maní en un procesador potente (también puede ser licuadora resistente). Pulsá hasta obtener un polvo parejo; limpiá las paredes con una espátula.
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Continuá procesando: el polvo pasará a arena húmeda y luego a una pasta compacta que se agrupa. Pará cada tanto para despegar y evitar que el motor se caliente.
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Seguí procesando hasta que el maní libere sus aceites naturales y la mezcla se vuelva cremosa y fluida. Este tramo puede llevar de 5 a 10 minutos, según la potencia del equipo.
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Si notás mucha resistencia, agregá de a chorritos el aceite neutro y continuá procesando hasta lograr una textura lisa.
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Probá y ajustá sabor: sumá una pizca de sal para realzar, y, si te gusta dulce, incorporá la miel o el mascabo. Procesá unos segundos más para integrar.
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Pasá la pasta a un frasco de vidrio perfectamente limpio y seco. Alisá la superficie y tapá.
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Guardá en heladera. Dejá reposar al menos 1 hora antes de usar para que termine de asentarse. Consumí dentro de 2 semanas.
Consejos:
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Fases del procesado: no te quedes en la etapa arenosa; la clave es darle tiempo hasta que emulsione. El leve calor que se genera ayuda a que el aceite natural del maní haga su magia.
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Sin procesadora: con licuadora funciona en tandas chicas; detené cada 30‑40 segundos, raspá paredes y dejá descansar el motor.
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Textura a medida: más fluida, agregá ½–1 cucharada extra de aceite; más espesa, sumá un puñado de maní molido al final. Si con el frío se separa un poco el aceite, solo mezclá.
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Versión crunchy: reservá 2‑3 cucharadas de maní tostado picado y mezclalo a mano al final.
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Sabores opcionales: un toque de canela, vainilla, cacao amargo o ralladura de naranja cambia por completo el perfil sin recargarla de azúcar.
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Higiene y conservación: usá frascos esterilizados y siempre cucharas limpias y secas para servir; la humedad acorta la vida útil. Podés freezar porciones hasta 3 meses.
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Usos rápidos: untala en pan integral o galletas de avena, combinala con rodajas de banana, sumala a licuados o armá una salsa tipo “satay” mezclando 2 cdas de pasta de maní, 1 cda de salsa de soja, jugo de limón y agua tibia hasta emulsionar.
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Seguridad: evitá el maní salado o con cáscara; el tostado realza sabor y ayuda a liberar aceites. No apta para personas con alergia al maní.
Una vez que pruebes esta versión casera, no vas a volver a las compradas: cremosa, rendidora y totalmente personalizable para cada ocasión.
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