Una opción ideal para los que buscan un postre fresco, dulce y con ese toque ácido que equilibra todo.
Tiene una textura súper cremosa que se deshace en la boca y una base crocante que contrasta perfecto. Es fácil de hacer y queda espectacular para cualquier ocasión.

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Ingredientes
- 200 g de galletitas tipo vainilla
- 100 g de manteca derretida
- 1 lata de leche condensada (aprox. 397 g)
- 1/2 taza de jugo de limón recién exprimido
- Ralladura de 1 limón
- 3 yemas de huevo
- 200 ml de crema de leche
- Opcional: un poco de galleta triturada extra para decorar
Preparación
- Procesá las galletitas hasta obtener un polvo fino y mezclalo con la manteca derretida hasta formar una masa húmeda.
- Colocá esta mezcla en un molde desmontable o fuente, presionando bien para formar la base. Llevá a la heladera durante 20 minutos para que se compacte.
- En un bowl, mezclá la leche condensada con el jugo de limón y la ralladura. Vas a notar que comienza a espesar naturalmente.
- Agregá las yemas de huevo y mezclá bien hasta integrar todo de manera uniforme.
- Incorporá la crema de leche y batí suavemente hasta lograr una preparación lisa y cremosa.
- Volcá el relleno sobre la base ya fría, distribuyéndolo de forma pareja.
- Llevá a horno medio (180 °C) durante unos 15 a 20 minutos, solo hasta que el relleno esté firme en los bordes pero aún levemente tembloroso en el centro.
- Retirá del horno y dejá enfriar a temperatura ambiente.
- Luego, llevá a la heladera por al menos 3 horas para que termine de tomar consistencia.
- Antes de servir, podés espolvorear un poco de galleta triturada por arriba para darle un toque extra.
Tips y consejos:
- Usar jugo de limón natural es clave, ya que el sabor cambia mucho respecto al envasado.
- No te excedas con el horno: si se cocina demasiado, puede perder esa textura cremosa característica.
- La ralladura de limón aporta un aroma increíble, pero evitá la parte blanca para que no quede amarga.
- Si querés una versión sin horno, podés omitir las yemas y dejar que el limón espese la mezcla directamente en frío.
- Para una base más firme, podés llevarla unos minutos al horno antes de agregar el relleno.
- Si la hacés de un día para el otro, queda aún mejor porque los sabores se asientan.
- Para un acabado más prolijo, usá un cuchillo húmedo al cortar cada porción.
- También podés hacerla en vasitos individuales para una presentación más práctica.
- Si te gusta más intensa, podés agregar un poco más de jugo o ralladura de limón.
- Conservá siempre en heladera y consumila dentro de los 3 a 4 días para mantener su mejor textura.
Un postre clásico, fácil de preparar y con un equilibrio perfecto entre lo dulce y lo ácido que nunca falla.
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