Torta de crema y frutillas en capas, suave, fresca y bien rendidora
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Torta de crema y frutillas en capas, suave, fresca y bien rendidora

Esta torta es de las clásicas que siempre gustan, con capas de bizcochuelo liviano, mucha crema y frutillas frescas que le dan humedad y un sabor bien equilibrado.

La combinación es simple, pero cuando está bien hecha queda espectacular al corte. Es ideal para un cumpleaños, una reunión o para preparar una torta fresca y bien casera.

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Ingredientes

Para el bizcochuelo:

  • 6 huevos
  • 180 g de azúcar
  • 180 g de harina común
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla

Para humedecer:

  • 150 ml de leche
  • 1 cucharada de azúcar
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla

Para el relleno y la cobertura:

  • 600 ml de crema de leche bien fría
  • 120 g de azúcar impalpable
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla

Para el armado:

  • 500 a 600 g de frutillas frescas
  • 2 o 3 cucharadas de mermelada de frutilla o brillo neutro, opcional

Preparación

  1. Empezá por el bizcochuelo. Colocá los huevos en un bowl grande junto con el azúcar y batí varios minutos hasta obtener una mezcla bien espumosa, clara y con buen volumen. Este paso es clave para que quede aireado y no haga falta agregar polvo para hornear.
  2. Sumá la esencia de vainilla. Incorporá la harina tamizada de a poco, con movimientos envolventes y suaves, para no bajar el aire de la mezcla. Mezclá solo hasta integrar.
  3. Volcá la preparación en un molde redondo enmantecado y con la base forrada, de unos 22 a 24 cm. Llevá a horno precalentado a temperatura media durante 30 a 35 minutos, o hasta que al pinchar salga seco.
  4. Retirá del horno, dejá enfriar unos minutos y desmoldá. Una vez frío, cortalo con cuidado en dos capas parejas. Si querés una torta más alta, podés hacer dos discos finos o cortar un tercer disco si el bizcochuelo te lo permite.
  5. Para humedecer, mezclá la leche con el azúcar y la vainilla. Reservá.
  6. Lavá las frutillas, retirales el cabito y secalas bien. Separá algunas enteras y parejas para decorar arriba. El resto cortalo en mitades o trozos medianos, según el tamaño.
  7. Para la crema, batí la crema de leche bien fría con el azúcar impalpable y la vainilla hasta lograr una consistencia firme. Tiene que quedar sostenida, pero no sobrebatida. La idea es que conserve una textura suave y pareja.
  8. Colocá la primera capa de bizcochuelo sobre la base donde la vas a servir. Humedecela con parte de la mezcla de leche. Cubrí con una capa generosa de crema.
  9. Distribuí una buena cantidad de frutillas sobre la crema, acomodándolas de manera pareja para que haya fruta en toda la porción. Sumá un poco más de crema entre los espacios si hace falta, así el relleno queda bien unido.
  10. Apoyá encima la segunda capa de bizcochuelo y presioná apenas para emparejar. Humedecé nuevamente. Cubrí la parte superior con una capa abundante de crema, alisando con espátula para que quede prolija.
  11. Decorá arriba con las frutillas enteras. Si querés darles ese brillo atractivo de confitería, pincelalas con un poco de mermelada apenas calentada o con brillo neutro.
  12. Llevá la torta a la heladera por al menos 4 horas antes de cortar. Ese descanso ayuda a que la crema tome cuerpo, el bizcochuelo absorba bien la humedad y el corte salga mucho más prolijo.

Consejos:

  • El bizcochuelo tiene que estar completamente frío antes de cortarlo y rellenarlo. Si todavía está tibio, la crema se afloja y el armado pierde firmeza.
  • Secá bien las frutillas después de lavarlas. Si conservan agua, largan líquido dentro de la torta y pueden arruinar la textura del relleno.
  • No conviene cortar las frutillas demasiado chicas. En esta torta quedan mejor en trozos medianos porque se notan más en la porción y aportan mejor textura.
  • Para que la crema quede firme de verdad, tanto la crema de leche como el bowl deberían estar bien fríos. Ese detalle hace mucha diferencia.
  • Si querés una versión más estable para días de calor, podés mezclar parte de la crema con unas cucharadas de queso crema suave. No cambia demasiado el sabor y ayuda a sostener mejor la estructura.
  • Humedecé el bizcochuelo sin exagerar. Tiene que quedar tierno, no mojado. Si te pasás, la base pierde cuerpo y al cortar puede aplastarse.
  • Al momento de servir, usá un cuchillo largo y limpio. Pasarlo por agua tibia y secarlo entre corte y corte ayuda a que las capas se mantengan bien definidas.
  • Esta torta mejora mucho con unas horas de frío, porque se asienta, se integran los sabores y la crema toma una consistencia más agradable.

Es una de esas recetas simples que nunca fallan cuando se busca una torta fresca, suave y bien clásica.

Con buena crema, frutillas ricas y un bizcochuelo liviano, el resultado queda de pastelería sin necesidad de complicarse.

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