Esta torta merengada es un clásico infalible de la repostería casera.
Crujiente por fuera, suave por dentro y con un relleno bien generoso, es ideal para celebraciones o para cuando querés preparar algo especial sin usar ingredientes complicados.

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Con pocos pasos y algo de paciencia, el resultado es una torta elegante, liviana y muy tentadora.
Ingredientes
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4 claras de huevo
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200 g de azúcar
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1 cucharadita de esencia de vainilla
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1 pizca de sal
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400 g de dulce de leche repostero o clásico
Preparación
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Precalentá el horno a 120 °C. Forrá dos bandejas con papel manteca y reservá. Es importante que el horno esté bien bajo para que el merengue se seque sin dorarse.
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Colocá las claras en un bol limpio y seco junto con la pizca de sal. Batí a velocidad media hasta que comiencen a espumar y luego aumentá la velocidad hasta que estén bien firmes.
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Agregá el azúcar de a poco, en forma de lluvia, sin dejar de batir. Este paso es clave: el azúcar debe incorporarse gradualmente para lograr un merengue estable, brillante y liso.
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Continuá batiendo hasta que el merengue forme picos firmes y no se sientan granos de azúcar al frotar un poco entre los dedos.
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Incorporá la esencia de vainilla y batí apenas unos segundos más para integrarla.
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Con ayuda de una espátula, formá dos discos de merengue sobre las bandejas. Podés usar un plato como guía para que queden parejos.
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Llevá al horno durante aproximadamente 1 hora, o hasta que los discos estén secos al tacto y se despeguen fácilmente del papel.
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Apagá el horno y dejá enfriar los merengues dentro, con la puerta entreabierta, para evitar cambios bruscos de temperatura.
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Colocá el dulce de leche en un bol. Si está muy firme, podés entibiarlo apenas para que sea más fácil de untar.
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Para armar la torta, apoyá un disco de merengue sobre un plato o fuente, cubrí con una capa abundante de dulce de leche y tapá con el segundo disco.
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Terminá decorando con más dulce de leche por arriba, si lo deseás, y dejá reposar unos minutos antes de servir.
Tips y consejos:
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Usá huevos a temperatura ambiente para que las claras monten mejor y más rápido.
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El bol y las varillas deben estar completamente limpios y sin restos de grasa, de lo contrario el merengue no tomará cuerpo.
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Si vivís en un lugar húmedo, podés dejar los discos de merengue un poco más de tiempo en el horno apagado para asegurarte de que queden bien secos.
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Para una versión más equilibrada, podés mezclar el dulce de leche con un poco de crema batida y lograr un relleno más suave.
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La torta se arma preferentemente cerca del momento de servir para que el merengue mantenga su textura crocante.
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Si querés variar, podés sumar frutas frescas entre las capas, como frutillas, frambuesas o bananas en rodajas finas.
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Conservá la torta armada en un lugar fresco y seco; no es recomendable refrigerarla por mucho tiempo porque el merengue absorbe humedad.
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Si te sobra merengue, podés guardarlo en un recipiente hermético y usarlo como base para otros postres.
La torta merengada casera demuestra que con pocos ingredientes se pueden lograr postres clásicos, rendidores y muy vistosos.
Es una receta que nunca pasa de moda y siempre sorprende por su textura y sabor.
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