Estas donas salen bien esponjosas y tiernas, con un glaseado de limón blanco y brillante que cae en gotas suaves por los bordes.
No se fríen: van al horno y quedan livianas, ideales para una merienda distinta sin complicarse.

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La ralladura por arriba les da ese perfume cítrico que hace que el sabor se sienta “a limón de verdad”.
Ingredientes
Para las donas (10 a 12 unidades)
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250 g de harina 0000
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120 g de azúcar
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2 cucharaditas de polvo de hornear
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1 pizca de sal
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2 huevos
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180 ml de leche
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60 g de manteca derretida (o 50 ml de aceite neutro)
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1 cucharadita de esencia de vainilla
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Ralladura fina de 2 limones
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60 ml de jugo de limón (aprox. 2 limones)
Para el glaseado de limón
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200 a 250 g de azúcar impalpable
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3 a 5 cucharadas de jugo de limón
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1 a 2 cucharadas de leche (solo si hace falta para ajustar)
Para terminar
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Ralladura fina de limón (un poco más, para espolvorear)
Preparación
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Prendé el horno a 180 °C. Enmantecá bien el molde para donas (si es antiadherente igual conviene, así salen perfectas).
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En un bowl grande mezclá harina, polvo de hornear, sal y azúcar. Reservá.
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En otro bowl batí apenas los huevos. Sumá la leche, la manteca derretida (ya tibia), la vainilla, el jugo de limón y la ralladura. Mezclá hasta integrar.
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Volcá lo líquido sobre lo seco y uní con espátula o batidor de mano, sin batir de más. La mezcla tiene que quedar pareja, espesa y suave.
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Pasá la mezcla a una manga (o una bolsita) y cortale apenas la punta. Esto te ayuda a rellenar prolijo y que todas queden iguales.
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Rellená cada cavidad del molde hasta 2/3 de su capacidad. Al horno crecen y se acomodan.
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Horneá 10 a 13 minutos, hasta que estén infladas y al tocarlas vuelvan sin hundirse. No las dejes de más, porque se secan rápido.
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Sacá el molde, dejá reposar 5 minutos y desmoldá con cuidado. Pasalas a una rejilla y dejalas enfriar por completo antes de glasear.
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Prepará el glaseado: poné el azúcar impalpable en un bowl y agregá jugo de limón de a poco, mezclando. Tiene que quedar espeso pero fluido, para que cubra bien y haga “chorreado” en los bordes. Si te queda demasiado denso, sumá gotitas de leche; si te queda muy líquido, sumá más impalpable.
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Colocá las donas sobre papel manteca (o sobre una rejilla con papel abajo). Sumergí la parte de arriba de cada dona en el glaseado, levantá y dejá que el excedente caiga solo para lograr las gotas.
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Mientras el glaseado todavía está húmedo, espolvoreá ralladura de limón por arriba.
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Dejá reposar 15 a 30 minutos hasta que el glaseado se asiente y quede firme al tacto.
Tips y consejos:
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No mezcles de más la masa: con donas horneadas, eso marca la diferencia entre una miga tierna y una más compacta.
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Si querés donas bien parejas, la manga es clave. Con cuchara también sale, pero cuesta más que queden prolijas.
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El glaseado “correcto” es el que cubre opaco y cae en gotas lentas. Si gotea como agua, está muy líquido.
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La ralladura se pone al final y siempre fina, así se pega bien y perfuma sin quedar amarga.
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Para que no se humedezcan, guardalas en recipiente cerrado cuando el glaseado ya esté firme.
Quedan suaves, con ese sabor a limón bien marcado y un glaseado brillante que las hace irresistibles.
Una vez que el glasé se asienta, se pueden agarrar sin problema y quedan perfectas para acompañar un mate o un café.
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