Los bastones de muzzarella son una de esas recetas que siempre gustan.
Crujientes por fuera y con un interior suave y derretido, son perfectos para una picada, una entrada o simplemente para darse un gusto.

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Se preparan con pocos ingredientes y en cuestión de minutos, logrando ese equilibrio justo entre el dorado exterior y el queso fundido que se estira al partirlos.
Ingredientes
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300 g de muzzarella firme
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2 huevos
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½ taza de harina común (0000)
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1 taza de pan rallado
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½ taza de fécula de maíz
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Sal y pimienta a gusto
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Aceite para freír
Preparación
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Cortar el queso: Cortá la muzzarella en bastones de aproximadamente 1,5 cm de espesor y unos 8 cm de largo. Es importante que el queso esté bien frío para que mantenga la forma durante el rebozado.
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Preparar los ingredientes del rebozado: En tres platos separados colocá la harina, los huevos batidos con una pizca de sal y pimienta, y el pan rallado mezclado con la fécula de maíz (esto último ayuda a que el rebozado quede más crocante).
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Rebozar los bastones: Pasá cada bastón primero por harina, luego por el huevo y finalmente por el pan rallado. Para un resultado más crujiente y firme, hacé un segundo rebozado repitiendo los pasos de huevo y pan rallado.
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Enfriar antes de freír: Colocá los bastones rebozados en una fuente y llevá al freezer durante 20 minutos. Este paso evita que el queso se derrita antes de que el rebozado esté dorado.
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Freír los bastones: Calentá abundante aceite en una sartén o freidora a temperatura media-alta (alrededor de 170 °C). Freí los bastones en tandas hasta que estén dorados por fuera, cuidando que no se abran.
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Escurrir y servir: Retiralos con una espumadera y colocalos sobre papel absorbente para quitar el exceso de aceite. Servilos inmediatamente, mientras el interior está bien derretido.
Consejos:
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Podés reemplazar el pan rallado por panko para una textura aún más crocante.
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Si querés una versión al horno, cocinalos en una placa aceitada a 200 °C durante 10-12 minutos, dándolos vuelta a mitad de cocción.
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Acompañalos con salsa de tomate casera, mayonesa con ajo o una salsa picante para contrastar el sabor del queso.
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Si te sobran, podés congelarlos ya rebozados y freírlos directamente cuando los necesites.
Estos bastones de muzzarella son irresistibles: dorados, crujientes y con ese interior cremoso que se estira al partirlos.
Una receta fácil, rápida y perfecta para cualquier ocasión.
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