Estos palitos de anís son ideales para acompañar el mate, el café o una merienda simple.
Quedan tiernos por dentro, apenas dorados por fuera y con una cobertura dulce que realza el sabor.

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La clave está en trabajar una masa suave y bañarlos cuando ya estén fríos para que el glaseado quede parejo.
Ingredientes
Para la masa:
- 2 huevos
- 120 g de azúcar
- 80 ml de aceite neutro
- 60 ml de leche
- 1 cdita de esencia de vainilla
- 1 cda de semillas de anís
- Ralladura de 1 limón o 1 naranja
- 400 g de harina leudante aproximadamente
- 1 pizca de sal
Para el glaseado:
- 180 g de azúcar impalpable
- 3 a 4 cdas de jugo de limón, leche o agua
- 1 cdita de semillas de anís molidas o apenas machacadas
Preparación
- En un bowl grande, colocá los huevos junto con el azúcar y batí unos minutos hasta que la mezcla se vea más clara y algo espumosa.
- Agregá el aceite, la leche, la esencia de vainilla, la ralladura y las semillas de anís. Mezclá bien para que el perfume del anís se reparta en toda la preparación.
- Sumá la pizca de sal y empezá a incorporar la harina de a poco. No la agregues toda de golpe, porque según el tamaño de los huevos puede hacer falta un poco menos o un poco más.
- Mezclá primero con cuchara y después uní con las manos hasta formar una masa blanda, lisa y apenas pegajosa. No conviene amasarla demasiado, solo lo justo para integrar.
- Tapá la masa y dejala descansar 15 minutos. Este descanso ayuda a que sea más fácil formar los palitos y evita que queden duros.
- Tomá pequeñas porciones de masa y formá rollitos alargados con las manos. No hace falta que queden perfectos: la forma casera e irregular es parte de su encanto.
- Ubicalos en una placa aceitada o con papel manteca, dejando un poco de espacio entre cada uno.
- Cocinalos en horno precalentado a 180 °C durante 12 a 18 minutos, o hasta que estén apenas dorados en la base y firmes al tacto. No los dejes oscurecer demasiado para que mantengan una textura tierna.
- Retiralos del horno y dejalos enfriar por completo sobre una rejilla o una fuente amplia.
- Para el glaseado, mezclá el azúcar impalpable con el líquido elegido de a poco, hasta lograr una crema espesa pero fluida. Sumá el anís molido o machacado y mezclá.
- Bañá cada palito con el glaseado usando una cuchara o sumergiendo la parte superior. Dejalos reposar hasta que la cobertura se seque y quede firme.
Tips y consejos:
- Si querés un sabor más intenso, podés machacar apenas las semillas de anís antes de agregarlas a la masa. Eso libera más aroma sin que el gusto quede invasivo.
- Para que el glaseado no quede demasiado líquido, agregá el jugo o la leche de a poco. Si se pasa, se puede corregir con un poco más de azúcar impalpable.
- La masa no debe quedar seca. Si al unirla se agrieta mucho, agregá una cucharada extra de leche. Si está demasiado pegajosa, sumá harina de a cucharadas.
- Guardalos en un recipiente hermético cuando el glaseado esté completamente seco. Se conservan muy bien durante varios días y mantienen mejor la textura.
- También podés hacerlos más chiquitos para servirlos como bocaditos dulces en una mesa de merienda.
Estos palitos de anís glaseados son simples, rendidores y con ese sabor casero que queda perfecto para tener siempre algo dulce a mano.
Con pocos ingredientes y una preparación fácil, salen aromáticos, suaves y muy vistosos.
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